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Afortunadamente hace ya un tiempo que dejamos atrás los cuarenta años de franquismo, y ahora, según acabamos de conocer, cerraremos otra etapa dejando atrás los casi cuarenta años de juancarlismo. Queda claro que la muerte del cruel dictador  representó la recuperación de nuestras libertades y una notable mejora en nuestro bienestar, lógico viniendo del oscuro pozo donde nos hallábamos. ¿Y qué va a suponer para el país y para nosotros la abdicación del Rey? Pues nada, más de lo mismo, incluso uno tiene la impresión que puestos a elegir lo menos malo para este país igual hubiera sido preferible la continuidad del Rey Juan Carlos I, porque con la baja popularidad de la que goza en estos momentos la institución de la monarquía no sería descabellado pensar que con la muerte del Rey la institución pudiera venirse abajo como un castillo de naipes. Pero con la próxima coronación (a ver cuánto nos cuesta este dispendio) de Felipe, sin el refrendo de la ciudadanía (otro ejemplo más de lo democrático de la institución y del país), uno tiene la sensación de que esta anacrónica institución va a alargar su estancia en el poder por muchos, muchos, años.

Y para rizar el rizo no sé quien tuvo la brillante idea de grabar el mensaje de abdicación del Rey justo detrás del retrato de un joven Felipe V, el primer Borbón, el Rey que con el Decreto de Nueva Planta y tras la guerra de sucesión española suprimió los fueros e instituciones aragonesas, catalanas, mallorquinas y valencianas. Un gesto estúpido y que desde Cataluña algunos interpretan como una provocación más.

Uno se acaba preguntando ¿qué sentido tiene seguir permitiendo que la jefatura del estado siga recayendo en una familia sin mayor mérito para ello que su derecho dinástico?  ¿Por qué consentir, en estos tiempos de hambre y austeridad, una institución poco transparente y que nos representa un excesivo dispendio? ¿No debería la ciudadanía tener voz y voto para elegir a quien ocupe la jefatura de estado? ¿Por qué hemos de aguantar en el poder una familia que en más de una ocasión con sus actos ha demostrado un total desprecio por las leyes y la democracia?

Yo lo tengo claro, no quiero que se me imponga en la jefatura del estado a un muchacho de pocas luces sin mayor mérito que el de ser hijo del anterior jefe de estado. No quiero que continúe en el poder el hijo de quien fue impuesto en el poder por el cruel dictador que con su golpe de estado acabó con la democracia y con el sistema de estado elegido a través de ella, y por el que luchó mi familia como la de muchas otras tantas personas, “la República”.

¡¡¡Larga vida a la República… y a un estado federal!!!

MSNoferini

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La gran desmomoria

Hace tiempo que los ciudadanos de este país conocíamos la teoría conspiratoria que ahora la periodista Pilar Urbano ha plasmado por escrito en el libro “La gran desmemoria”. Es la teoría que implica directamente al rey Juan Carlos I en el golpe de estado del 23-f. Pero el libro no sólo hace hincapié en esos hechos sino que recoge la historia de una amistad traicionada, la del Rey con Adolfo Suárez, el principal artífice de la transición.

Esta teoría sobre el fallido golpe de estado, o quizás algo más que una teoría, hace tiempo que corre por este gran medio de difícil control que es internet.  Yo mismo pude leer, como podrá hacerlo cualquier otra persona, en un blog atribuido a Iñaki Anasagasti el relato de los hechos. A través de una supuesta conversación entre el político vasco y el que fuera durante muchos años secretario de la Casa Real, Sabino Fernández Campos, se desgrana toda la historia.

Por lo visto Pilar Urbano, hasta hace dos días periodista muy valorada por los medios más conservadores, contó con la colaboración y el testimonio de numerosas e importantes personalidades cercanas al monarca y al que fuera en aquel momento presidente del gobierno, el recientemente desaparecido Adolfo Suárez. Pero lo curioso es que tras el revuelo y el desmentido de los hechos realizado por la propia Zarzuela buena parte de los informadores mencionados en el libro se han apresurado a desmentir que las confesiones aparecidas hubieran salido de su boca, haciendo un comunicado conjunto donde se dice que:  «cuanto se pone en su boca es según los casos, total o parcialmente falso o en muchos casos torticeramente manipulado».

Pero vayamos a los hechos, o mejor dicho a la credibilidad de lo expuesto por Pilar Urbano a lo que se refiere a la participación del Rey de España en el fallido golpe de estado del 23-f.

El que fuera en aquella época embajador de Alemania en Madrid, Lothar Lahn, explicó en su día que en un encuentro diplomático mantenido con el Rey en el palacio de la Zarzuela, pocos días después del golpe Juan Carlos le dijo, “casi disculpando a los sublevados”, que estos sólo “habían querido lo mejor para España”. Lo hablado en esa entrevista, junto con otros documentos de la época, fue publicado por primera vez por la revista alemana Der Spiegel. Según el informe de Lahn, el rey poco menos que exculpó a los golpistas: “Los cabecillas sólo pretendían lo que todos deseábamos. Concretamente, el restablecimiento de la disciplina, el orden, la seguridad y la tranquilidad”.

Sea cierta o no toda esta historia habría un importante punto que no debería ser omitido, que es la estrecha relación existente entre nuestro todavía rey y el supuesto cabecilla del golpe, el General Alfonso Armada.  El general Armada fue preceptor del rey en su niñez, hombre de confianza de Juan Carlos en su juventud como príncipe, secretario de la Casa Real de 1965 al 1977 y segundo jefe del Estado Mayor, en la época del golpe, por expreso deseo del rey. No olvidemos un dato cuanto menos curioso, el general Armada despachó con el rey 11 veces en un mes y pico antes del golpe.

Hace ya unos cuantos años el indisciplinado Coronel Martínez Inglés publicó un libro que bajo el título “El golpe que nunca existió” exponía la tesis, que por lo visto también le sirvió al periodista catalán Jordi Évole de punto de partida para su famoso montaje “Operación Palace”, según las cuales el Rey con la ayuda del General Armada, o viceversa, organizaron un falso golpe para evitar males mayores y ensalzar la figura de Juan Carlos. Tal como dijo en su día el Coronel M. Inglés: “el golpe del 23-f fue una maniobra político-militar- institucional, puesta en marcha por el propio sistema, desde la Corona, para desactivar un golpe militar que se estaba fraguando para el 2 de mayo en los ambientes más radicales de la extrema derecha española descontenta por muchos y diversos motivos. Era un golpe contra el rey, preparado por militares que deseaban que España volviera al totalitarismo”.

El Coronel Martínez Inglés también hace referencia en su libro a varias conversaciones que supuestamente mantuvo con el General Milans del Bosch en la prisión militar de Alcalá de Henares, y a quien le prometió de no hacerlas públicas mientras estuviera en vida. En dichas conversaciones entre otras cosas el viejo General le dijo: “El rey quiso dar un golpe de timón institucional, enderezar el proceso que se le escapaba de las manos y, en esta ocasión, con el peligro que se cernía sobre su corona y con el temor de que todo saltara por los aires, me autorizó actuar de acuerdo con las instrucciones que recibiera de Armada”.

Un asunto más que no quisiera dejar de tratar y sobre el que también mucho se ha hablado y escrito es la participación en el fallido golpe del 23-f de unos cuantos importantes políticos y personalidades del momento, los cuales habrían aceptado formar un gobierno de concentración nacional, repartiéndose las diferentes carteras ministeriales, con el general Armada a la cabeza del ejecutivo. Personalidades tan relevantes y de tan diferente ideología política como:

-Presidente: General Alfonso Armada.
-Vicepresidente para Asuntos Políticos: Felipe González (PSOE).
-Vicepresidente para Asuntos Económicos: J. M. López de Letona (banquero).
-Ministro de Asuntos Exteriores: José María de Areilza (Coalición Democrática).
-Ministro de Defensa: Manuel Fraga (AP).
-Ministro de Justicia: Gregorio peces Barba (PSOE).
-Ministro de Hacienda: Pío Cabanillas (UCD).
-Ministro de Interior: general Manuel Saavedra Palmeiro.
-Ministro de Obras Públicas: José Luís Álvarez (UCD).
-Ministro de Educación: Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD).
-Ministro de Trabajo: Jordi Solé Tura (PCE).
-Ministro de Industria: Agustín Rodríguez Sahagún (UCD).
-Ministro de Comercio: Carlos Ferrer Salat (CEOE).
-Ministro de Cultura: Antonio Garrigues Walker (abogado lobbysta).
-Ministro de Economía: Ramón Tamames (PCE).
-Ministro de Transportes. Javier Solana (PSOE)
-Ministro de Autonomías: general José Antonio Sáenz de Santamaría.
-Ministro de Sanidad: Enrique Múgica (PSOE).
-Ministro de Información: Luís María Ansón (director de la agencia Efe).

A modo de conclusión sólo diré que a pesar de la negación de los hechos por parte de la Casa Real y sus medios afines, a pesar de que hayan fallecido los dos principales inculpados, Armada y Milans del Bosch, llevándose su secreto a la tumba, cada vez son más los periodistas que se atreven a hablar del tema sin tapujos e implicando directamente el jefe del estado español en los hechos. ¿Será cierto? Que cada uno saque sus conclusiones.

MSNoferini

Para mayor información sobre lo que se explica en el libro de Pilar Urbano os aconsejo entrar: http://www.elmundo.es/cronica/2014

A la vista de todo lo que se le está viniendo encima la institución de la monarquía, con las constantes meteduras de pata de nuestro todavía Rey, su oscuro pasado, su importante patrimonio y los desmanes de algunos de los miembros de la familia, como la implicación de la Infanta Cristina y su marido en el caso Nóos, os adjunto el video del documental hecho por Canal+ Francia donde se hace un repaso a todos los escándalos y momentos más opacos de nuestra familia real.

Os adjunto dos enlaces de dos entradas antiguas, donde ya hace un tiempo hice un repaso a la posible participación de nuestro Rey en el fallido golpe de estado del 23-F, sacado del blog Iñaqui Anasagasti, y otro sobre los supuestos hijos ilegítimos de su majestad.

Muchos puntos negros que deberían hacernos plantear la posibilidad de abolir definitivamente la monarquía, una anacrónica institución que a más a más nos representa un excesivo dispendio para este empobrecido país.

MSNoferini