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Hace ya unos años escribí un pequeño escrito -el cual adjunto- bajo el título “estoy cansado”. Pues bien el tiempo ha pasado, y ese partido que nos gobernó recortando buena parte de nuestros derechos más básicos y servicios públicos bajo el pretexto de “la crisis”, mientras pagaba las reformas de su sede con dinero negro y repartía suculentos sobresueldos en sobres provenientes de una caja B de oscura e ilícita procedencia, no está en el poder, pero aún así creo que hay motivos más que de sobras para que se entienda el porqué de la evolución de ese cansancio hacia un gran “cabreo”. Podría utilizar otras palabras más finas -enfadado, irritado, enojado, colérico-, pero ¡no!, pues la palabra que creo que mejor describe mi estado anímico es “cabreado”.

Estoy cabreado con la paupérrima clase política que nos ha tocado en suerte. Ya no es una cuestión de honradez y de un posible enriquecimiento metiendo mano en las arcas públicas o favoreciendo a ciertos poderosos amiguetes en contratos públicos. Es una simple cuestión de estar cabreado con quienes juegan con el odio o el miedo y demuestran su nulidad en eso que vino a llamarse responsabilidad de estado, a la vez que día tras día dejan patente un comportamiento impropio de un representante público para convertirse en simples matones de baja estopa y en unos mentirosos compulsivos.

Estoy cabreado, pero muy cabreado, con quienes utilizaron la crisis territorial para tapar la crisis social, así como con quienes utilizan la crisis social para tapar la crisis territorial, por no hablar la alarmante crisis de valores que han demostrado todos y cada uno de ellos.

Estoy especialmente cabreado con las políticas de recortes, así como con aquellos que parece importantes una mierda que sus políticas nos priven de trabajos dignos, de los ingresos necesarios para poder vivir, de techo, de pan, de medicinas y de los derechos más básicos.

Estoy cabreado de que tengamos que mantener con nuestro dinero a una institución anacrónica y caduca como es la monarquía, a la cual nadie ha elegido y al frente de la cual se halla una persona por el simple derecho de sangre o inseminación. Y que para más inri aún es más cabreante el ver como ese señor al que se le presupone ser el representante de todos los pueblos y ciudadanos del estado apoyó e intentó justificar la represión hacia una parte de ellos, en lugar de mediar y buscar la concordia.

Me cabrea que a esto que tenemos lo llamen “una gran democracia” cuando ni siquiera se respeta uno de los pilares básicos de la democracia, como es la separación de poderes.

Estoy cabreado con quienes utilizan los supuestos fantasmas de un relativamente reciente pasado, en lugar de recuperar la verdadera historia y memoria de nuestro pasado, permitiendo con ello honrar la memoria de los demócratas que dieron su vida en una guerra fratricida, y que en muchos casos siguen descansando en olvidadas cunetas, pues entiendo que sólo así podríamos restañar las heridas del pasado.

Me cabrea mucho el proletariado de ropas elegantes que le tocó en suerte un salario digno y con ello la falsa creencia de ser algo más que un obrero del sistema. Y me cabrea mucho más ver como maltratados proletarios siguen defendiendo y votando aquellas opciones políticas que apuestan por legislar en beneficio de los de arriba en detrimento suyo y de sus (nuestros) derechos y libertades.

Me cabrean toda esa panda de intelectuales progres con sus discursos aleccionadores que quieren aparentar cercanía a nuestros problemas pero acabada su jornada se trasladan a sus lujosas casas y casoplones, y que no saben y nunca sabrán lo que es pasar hambre.

Estoy cabreado con quienes se les llena la boca con el nombre de sus amados países y se envuelven en trapos multicolores, pero se olvidan o quieren tapar los problemas reales de la ciudadanía, pues no hay banderas lo suficientemente grandes como para tapar la miseria, la falta de derechos y libertades, ni el sufrimiento.

Estoy cabreado con la alarmante manipulación mediática. No es admisible que ya casi haya desaparecido la prensa libre y objetiva, y su lugar lo ocupen gacetilleros vendidos al poder.

Estoy cabreado con la falta de solidaridad. Y cabreado de ver como un escaso uno por ciento de la población tiene en sus manos tanta riqueza y patrimonio como el 99% restante, mientras en la mayor parte de este planeta cientos de millones de personas viven en una pobreza extrema.

Me cabrean aquellos que criminalizan a quienes abandonan sus países buscando una vida mejor y me cabrea especialmente aquellos que decidieron que la mejor solución al problema de la inmigración es abandonarlos a su suerte y dejarlos morir.

Estoy cabreado con quienes se enriquecen con el negocio de la guerra, exportando muerte y sufrimiento.

En definitiva, como veis, estoy cabreado, muy cabreado…

MSNoferini

cansado

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¿Qué ha cambiado?

Publicado: marzo 19, 2019 en Uncategorized
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Sólo hace falta estar un poco al día de las noticias políticas de nuestro país para darse cuenta que esa cita expuesta por Giuseppe Tomasi de Lampedusa en su novela “El gato pardo”, en la que se decía que “si queremos que todo siga como está es necesario cambiarlo todo” –a lo que yo añado: “o como mínimo aplicar algunos cambios cosméticos”- parece estar muy presente tras todos los vaivenes políticos que hemos vivido en los últimos años, dentro y fuera de nuestras fronteras, y con la aparición de esos partidos que prometían una plena regeneración política y en aquellos otros que supuestamente se vieron obligados a copiar las nuevas fórmulas propuestas por estos.

Tras la espontanea explosión de indignación y deseos de cambio que nos llevaron a las calles un 15 de mayo de 2011, dentro de un contexto de crisis global y una desproporcionada desigualdad mundial, que pusieron en evidencia la desafección de parte de la ciudadanía con la clase política y sus decisiones, y posiblemente el agotamiento de la etapa política que se inició en España tras la dictadura –eso que se ha venido a llamar “régimen del 78”- aparecieron nuevos partidos e iniciativas sociales y un aparente deseo de los partidos ya existentes de regenerarse y abrirse a sus bases.

Regeneración, nueva política, mejora de la transparencia de los partidos políticos, acercar las instituciones a la ciudadanía, en algunos casos asamblearismo, etcétera, etcétera. Propuestas y deseos muy necesarios y nobles pero que al final poco o nada se están cumpliendo, demostrando que tanta lucha, esfuerzos y tiempo invertido por muchas/os bajo la ilusión del “sí se puede” nos han llevado a seguir donde estábamos, sin que haya habido cambios sustanciales en la política y menos en el cómo y quién ostenta y gestiona el poder.

Tampoco podemos excluir de la ecuación, que ha llevado a la pervivencia o apuntalamiento del sistema –monarquía, constitución del 78, casi nula separación de poderes, millares de cargos públicos aforados y un moribundo estado de las autonomías-, “el procés catalán”, tras el cual no debemos olvidar que también se hayan aquellos que les vino muy bien para tapar sus miserias o apuntalar su propia supervivencia y la de sus ideales neoliberales bajo su propia estrategia lampedusiana.

Por lo tanto si volvemos la vista atrás y luego miramos nuestro presente nos daremos cuenta que: la elección de quienes serán los candidables a representarnos en las listas de los diferentes partidos siguen eligiéndose a través de la “dedocracia”, la transparencia en todos y cada uno de los partidos políticos no se ve por ninguna parte, la denominada izquierda sigue llevándose a matar, anteponiendo en no pocos casos sus intereses a los de la ciudadanía, sigue sin haber voluntad o narices de buscar consensos para poner solución a la crisis social y a la aún más importante crisis territorial, la criminal reforma laboral del Partido Popular (RDL 3/2012) sigue en vigor, la ley de estabilidad presupuestaria sigue marcando las políticas del país, los medios de comunicación siguen al servicio del poder, es imposible cerrar un acuerdo que garantice en el tiempo la supervivencia y calidad de nuestras pensiones públicas, el régimen del 78 parece seguir bien apuntalado, y todo ello con el dictador durmiendo su plácido sueño eterno en su monumental mausoleo.

Por consiguiente cabría preguntarse: ¿qué ha cambiado?

MSNoferini

Ley de la palanca

Miedo, desprecio y por último odio, estos son los sentimientos por los que en los últimos años ha ido transitando la política de este país, y con los que la irresponsable casta política que nos ha tocado en suerte ha venido jugando en su constante búsqueda de votos y en su vergonzoso intento de crear el escenario político y social más adecuado a sus intereses.

Usando principalmente Catalunya y “el Procés” como el perfecto catalizador de una estrategia de manipulación y adoctrinamiento de masas, ante una aparente situación poco menos que apocalíptica, algunos partidos políticos y medios de comunicación han abierto la caja de Pandora liberando unos imprevisibles vientos y vendavales de intolerancia, desprecio y odio, cuyas consecuencias de futuro son difíciles de prever y que a buen seguro no tendrán o no nos traerán nada de bueno.

Ya llevamos unos cuantos años en los que no se para de hablar de la radicalización de la izquierda, pero para esos medios que tanto han escrito y hablado de ello omiten decir que esa supuesta radicalización o nuevas formas de actuar de la izquierda también vendrían acompañadas de una radicalización de la derecha que, con la aparición de un nuevo sujeto político que no amaga sus ideales de ultraderecha, ha llevado a la derecha clásica, esa que aunque se las dé de auténtica garante de la libertad y la democracia hunde sus raíces en una época preconstitucional, a entonar un discurso cada vez más extremista y arcaico, y donde todo lo han reducido a una simplista dicotomía entre buenos y malos patriotas, y a la criminalización de estos últimos.

Es incomprensible que algunos alienten el odio y el desprecio hacia sus vecinos (rojos, catalanes, abertzales, okupas, los antisistema, etc.) como viene haciendo una parte del establishment ultraconservador de este país. Y es de una ruindad tremenda intentar llegar al poder de esta forma, así como el juego de acoso y derribo usando las artimañas más rastreras que han iniciado los dos partidos de la derecha hacia el partido del Gobierno, bajo el pretexto de como este se ha doblegado a los intereses y reivindicaciones de ese supuesto independentismo criminal, cuyo mayor delito no es otro que el desear decidir su futuro a través de las urnas. Por el hecho que el oportunista y poco valiente señor Sánchez –un personaje que, al igual que a su partido, no le tengo especial aprecio- simplemente acepte y abra vías de diálogo con los “endemoniados” independentistas catalanes y tenga algún exiguo gesto para buscar una cierta distensión no puede llevar a todo un jefe de la oposición a decir un rosario de barbaridades, como las que dijo en el día de ayer (“mediocre”, “incompetente”, “mentiroso compulsivo”, “okupa de la Moncloa”, “felón”, “el mayor traidor de la democracia”, “desleal”, “irresponsable”, “ególatra”, “chovinista”, “cómplice del golpe al estado”, “presidente ilegítimo”, etc.).

El domingo veremos cómo los tres adalides del nacional-catolicismo, o tal vez mejor usar el término caudillos –que a buen seguro será más de su agrado-, guiarán a sus tropas en una nueva cruzada patria donde su bandera no será su amada rojigualda sino el odio, y el enemigo a batir sus vecinas/os y hermanos/as que cometieron el grave pecado de pensar de manera diferente a ellos.

MSNoferini

caja pandora

Ser o no ser

Con lo que ha venido pasando en estos últimos tiempos en la formación morada, partido en el que milité, se evidencia que los días de vino y rosas ya son cosa del pasado. Podemos venía a ser algo así como una extensión del sentir de la ciudadanía y una poderosa herramienta para servir como correa de transmisión de la misma hacia esas caducas instituciones que teníamos y seguimos teniendo. Se prometía ser diferentes al resto, ya que Podemos era la nueva política: asamblearia, transparente y con una estructura de partido horizontal. Se nos decía que el proyecto estaba por encima de las personas. Que debíamos comenzar a olvidar el clásico eje ideológico horizontal izquierda-derecha, pues la miseria y la desesperación es transversal, y transversal debía ser un proyecto que se debía estructurar en un único eje, el eje real sobre quienes tienen el poder y quienes los sufren, el eje vertical de los de arriba y los de abajo. Pero, pero, pero, toda esa amalgama de hermosas ideas e intenciones que nos atrajo a muchas y muchos a participar, apoyar o votar a la formación morada fueron un espejismo o quedaron como simple retórica propagandística con la que cautivar a los ilusos y a todos aquellos/as que en el contexto social del momento necesitábamos desesperadamente alguien o algo en quién o qué confiar.

Podemos es un partido centralista, vertical, opaco y donde la disidencia se castiga con el ostracismo o directamente es purgada. El señor Iglesias y su círculo interno ha jugado con la ilusión de cientos de miles de personas y han llevado la más hermosa idea a un despeñadero ideológico. Han creado un partido personalista que orbita única y exclusivamente al rededor de un nuevo dios sol, y donde sus adoradores no tienen problema alguno en defender lo indefendible, como podría ser el aburguesamiento de su gran líder y la madre de sus hijos, como quedó demostrado en la compra de su casoplón  -pues que nadie olvide lo que opinaba el señor Iglesias sobre los políticos de la derecha que vivían en lujosas urbanizaciones y caros áticos-. Donde la organización del partido está en las manos de una persona que acumula cargos, a pesar de las limitaciones del señor Echenique -y una antigua afiliación en Ciudadanos-, y se burla de la norma y derecho laboral, como ha quedado demostrado con su propio asistente, y es incapaz de cumplir con sus promesas, como la de hacer de Podemos un partido plenamente federal. Un partido donde las reglas del juego o procesos de elección de sus miembros se modifican en función de los intereses -como quedó en evidencia en las recientes primarias al parlamento donde el señor Iglesias concurrió en solitario para ser el candidato a la presidencia del gobierno, tras la exclusión de cerca de 90 precandidatos/as por no conseguir los avales mínimos-.

Pero a pesar de todo el “traidor” y el malo, el único malo, es el señor Errejón, por cerrar un acuerdo con la plataforma de la alcaldesa de Madrid sin haber sido decidido por Podemos o por el señor Iglesias y su círculo interno. Que mala memoria tienen algunos/as y olvidan como el señor Iglesias y los suyos negociaron los diversos proyectos electorales, confluencias y listas en Catalunya, Galicia, Valencia, etcétera, totalmente al margen de la militancia de Podemos en esos territorios. Quizás, como escribía no hace mucho el señor Carlos Fernández Liria (www.cuartopoder.es/vuelve-podemos), el proyecto que se está diseñando para la comunidad de Madrid represente más los ideales de Podemos que el actual Podemos y “Carmena-Errejón nos devuelve el entusiasmo con el que hace cinco años pensábamos que podíamos reinventarlo todo”.

Podemos no debería ser un partido, sino una plataforma asamblearia capaz de recoger el sufrimiento y tantas luchas por la dignidad y el bienestar de la ciudadanía y llevarlas a las instituciones de la mano de las que en cada momento sean las personas más preparadas  para ello, sin convertirlas en políticos profesionales. Unidos Podemos necesita urgentemente de una refundación, en la cual ya estén presentes los diversos partidos y asociaciones que configuran esa confluencia, y donde sin personalismos e imposiciones todas/os rememos en la misma dirección: el bien común y una plena justicia social.

MSNoferini

A la política le falta corazón

Publicado: enero 8, 2019 en Uncategorized
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Ya hemos dejado atrás las navidades, época de celebraciones, reencuentros, dispendios y un notable incremento de almibarado buenismo. No voy a ser yo quien critique las navidades en sí, aunque haya algunas cosas en estas fiestas que no me gusten demasiado, como esa bondad y emotividad que algunos parecen olvidar el resto del año, y el ejemplo más claro lo tenemos en nuestros gobiernos y políticos.

La política es un servicio público, y lamentablemente para muchos una profesión, en el cual, en contra de toda lógica, falta corazón. En la política falta voluntad por asegurar los derechos más básicos y el bienestar de la ciudadanía en lugar de priorizar el invertir en las estructuras y necesidades del capital y la banca. No puede decirse que un gobierno y sus políticos tengan corazón cuando las gentes de un país pierden sus hogares, no tienen acceso a un trabajo o pensión dignos, no tienen unos servicios públicos en condiciones, no pueden costearse bienes de primera necesidad como la luz, el gas, el derecho a una medicación, o a tener tres comidas diarias, al tiempo que no falta el dinero para invertirlo a fondo perdido en ayudar o rescatar a la banca –dejando aparte el habitual latrocinio al que tanto nos tienen acostumbrados nuestros políticos-.

Pero esa falta de bondad y desafección hacia sus iguales que parece sufrir nuestra casta política –definición de la clase política muy acertada que en cierto partido morado parece haber quedado relegada al olvido, tal vez porque los miembros del mismo hayan pasado a engordar ese selecto grupo- no sólo queda reflejada en sus decisiones y actos colectivos, sino en la mayor parte de los casos a nivel individual, pues ver como se tratan entre ellos/as en lo que son los Sancta Sanctorum de la soberanía popular, como son los parlamentos, demuestra que la bondad, el respeto y la educación cotiza a la baja, y tal vez por ello fue noticia cuando el diputado canario del partido morado, Alberto Rodríguez, tuvo el bonito detalle en sede parlamentaria de hablar bien de un rival político que se despedía de la política.

Nuestros gobiernos, los partidos políticos y la casta política poco les importamos la ciudadanía y nuestros problemas, más allá del interés en momentos puntuales –como cuando se acercan unas elecciones- y alguna honrosa excepción. Los políticos, en su mayoría, no tienen corazón y juegan con nuestras necesidades y no tienen pudor en utilizar hasta el odio en beneficios de sus intereses –y el caso de Catalunya es un claro ejemplo de ello-.

Por lo tanto, acabadas las navidades toca prepararse para seguir viviendo con nuestras miserias y con el recrudecimiento de las habituales batallas del estercolero de la política y la cansina difusión de las mismas a través de los medios partidistas e interesados que tenemos en esta ruina de país.

MSNoferini

Aforismos EKO

Excesos diputados

Quien mire mi perfil de wassap podrá leer, en ese pequeño espacio reservado para información, la siguiente frase: “permanentemente indignado con el poder”. A la vista de esta frase y si alguna vez habéis perdido algo de vuestro valioso tiempo en leer algo de lo que suelo escribir, donde los adjetivos decepcionado, indignado, cansado y asqueado son más que habituales en mis disertaciones o divagaciones es probable que lleve a muchos a ponerme la etiqueta de pesimista, o incluso a considerarme poco menos que un amargado crónico, pero simplemente es que ante la preocupante situación en la que se encuentra nuestro país y el mundo en general, las instituciones, y la poca voluntad de la ciudadanía en movilizarse, no considero que existan motivos para el optimismo.

Para empezar siento poco aprecio por la mayoría de esa casta a la que llamamos políticos, es más, quienes se dedican a la política de manera profesional me generan un profundo rechazo y no en pocos casos hasta asco. También, por exagerado que pueda parecer, considero que las cámaras de representación, esos órganos donde supuestamente reside la soberanía popular, son una auténtica tomadura de pelo, donde una banda de organizados charlatanes se permiten vivir muy bien haciendo ver que trabajan en beneficio de las gentes a las que supuestamente representan, algo que pocas veces sucede.

Tampoco confío demasiado en buena parte de mis conciudadanos. No acabo de entender la escasa voluntad de movilización del proletariado en defensa de sus derechos. No comprendo y no le encuentro justificación a que una parte importante de quienes se han visto principalmente damnificados por las políticas neoliberales de nuestro gobierno (pensiones, servicios públicos, derechos, etc.) nunca hayan movido el culo para tomar las calles y decir “basta”. Me horroriza que humildes trabajadores, gentes modestas y maltratados pensionistas sigan votando, como si de un síndrome de Estocolmo se tratara, a sus verdugos y carceleros.

Tal vez a algunas y algunos os puedan parecer muy duras o exageradas mis palabras y a buen seguro muchas y muchos de vosotros no las compartiréis, pero mis vivencias y experiencia personal así me lo hacen ver y sentir. Pero quizás sea mejor ilustrar con algún ejemplo vivido los motivos que me han llevado a este supuesto pesimismo catastrofista, el cual yo lo veo como una simple visión realista de nuestra situación.

Hace ya unos años por primera vez en mi vida entré a militar en un partido político. Como otras tantas personas me ilusioné con aquellos que decían que venían a hacer nueva política. Desgraciadamente las buenas intenciones de unos chocaban con los intereses de otros, lo cual sumado a un buen número de errores y a la poca o nula capacidad o tal vez voluntad de reconducir la situación impidió que esa supuesta herramienta pudiera funcionar todo lo bien que el difícil momento en el que nos encontrábamos requería. Y es por todo ello que con gran decepción muchas y muchos abandonamos la militancia.

Al margen de esa militancia política ya expuesta nunca perdí el hábito de ayudar e involucrarme en causas sociales, en algunas de las cuales aún sigo, y es en estas causas o luchas donde mi visión para el optimismo ha vuelto a encontrarse con el duro muro de la realidad.

Participo y me considero parte de la Marea Pensionista y me toca mucho las narices que cuando hacemos un acto o concentración seamos cuatro gatos, y me molesta que teniendo ya una cierta edad siga siendo una de las persona más jóvenes de quienes estamos comprometidos con esta causa. Parece mentira que ante un problema de la gravedad del desmantelamiento del sistema público de pensiones, las consecuencias del cual las sufriremos principalmente todas y todos aquellos que aún no las cobramos, no lleve a una movilización generalizada de pensionistas y trabajadores. Tampoco entiendo que a estas alturas no se haya hecho u organizado una huelga general, pues sólo con la precarización del sistema de pensiones, la supresión de la cláusula de revalorización de las mismas y el vaciado de la caja de las pensiones hay motivos más que justificados para convocarla ya.

Otra de las causas a la que le dedico una pequeña parte de mi tiempo es a luchar contra la explotación laboral y contra todos aquellos empresarios que han dejado de ver a los trabajadores como seres humanos, para considerarlos meras herramientas sustituibles y prescindibles del proceso productivo. Me exaspera ver las consecuencias de esa estafa llamada crisis, de la famosa reforma laboral del 2012 y hasta que punto ha llegado la precarización laboral. Y es por todo ello y por mi sentimiento de clase, clase proletaria, que hace ya tiempo me involucré en la lucha contra lo que se ha convertido poco menos que en una nueva forma de esclavismo, el falso cooperativismo, formando parte de un maravilloso grupo de personas que bajo el nombre de “Càrnies en Lluita” luchamos contra quienes han degradado algo tan noble como es el cooperativismo asociativo para retorcerlo en beneficio propio a costa de explotar a miles de trabajadoras y trabajadores del próspero sector cárnico.

En la comarca donde resido el sector cárnico porcino es el principal sector productivo, dando trabajo a miles de personas y siendo uno de los motores de la economía local. Lamentablemente hace años que a alguien se le ocurrió la brillante idea de dejar de contratar a sus trabajadores, lo que les representaba la obligación de respetar un convenio colectivo y asumir el coste de sus cotizaciones, para en lugar de ello subrogarlos a través de falsas cooperativas, tras las cuales en no pocos casos se hallaban y hallan esos mismos empresarios.

Trabajadores, en su mayoría foráneos, mal remunerados, con una escasa protección social al estar encuadrados en el régimen de autónomos, con la obligación de asumir íntegramente el pago de su cotización, sin derecho a vacaciones, pagas y horas extras, sin planes de prevención de riesgos laborales, sin derecho a despido o desempleo y que casi nunca han tenido voz y voto en la forma de gestionar la cooperativa, ya que esa función la ejercían los verdaderos propietarios o el consejo rector. Y si todo lo expuesto fuera poco no olvidemos la dureza de estarse de 8 a 10 horas haciendo un trabajo muy, muy duro y en la mayoría de casos a temperaturas muy bajas.

Ante esta lacra del falso cooperativismo -donde el sector cárnico no es el único afectado-, en la que administraciones (como podría ser la Inspección de Trabajo) y nuestros bien amados representantes en las instituciones poco o nada habían hecho para evitarlo, se consiguió como mínimo que el pasado 28 de marzo de 2017 el Parlament de Catalunya aprobase una modificación de la ley catalana de cooperativas que como mínimo iba a obligar a aquellas cooperativas de más de 25 trabajadores que su actividad era poco menos que la de hacer de ETTs (falsas cooperativas) a tener que reconocerles a sus trabajadoras y trabajadores los mismos derechos que pudieran tener reconocidos por convenio los trabajadores del sector para el que fueran subrogados. Una iniciativa que a algunos no nos gustaba del todo al entender que en cierta manera con este parche se seguiría consintiendo el falso cooperativismo, pero la cual aceptábamos como un mal menor confiando en que a corto o medio plazo pudiera representar una mejora real para decenas de miles de trabajadores; pues no olvidemos que el falso cooperativismo no es exclusivo del sector cárnico ya que lo podemos encontrar en sectores tan diversos como podrían ser el del transporte o en el de las camareras de piso (kellys). Desgraciadamente una vez más la dura realidad nos ha demostrado que la aprobación de ciertas leyes sin voluntad de desarrollarlas y sin control alguno de poco sirven, y tras diez meses de la aprobación de la ley de cooperativas pocas, muy pocas, la están cumpliendo y sólo sabemos de un caso en el sector cárnico donde la Inspección de Trabajo ha levantado por ello acta de infracción contra una de estas empresas. Lo que me vuelve a demostrar la poca voluntad de esas y esos que se hacen llamar nuestros representantes y que al final acaban dando la espalda a quienes les votaron y al conjunto de los ciudadanos a los que deberían representar, o acaban convirtiéndose en simples títeres del sistema.

Al final, desafortunadamente, el tiempo nos acaba evidenciando que a todos los partidos, a sus dirigentes y representantes les es muy fácil prometer y llevar iniciativas sociales a los parlamentos, pero el controlar que se apliquen procurando mantener el contacto con quienes deberían verse beneficiados por ellas, así como seguir con los mismos principios y luchas que decían defender cuando acaban haciéndose con el poder de cambiar las cosas eso ya es harina de otro costal, y el ejemplo más claro lo tenemos en el decepcionante partido griego Syriza, ahora que justamente se cumplen tres años de su primera victoria en una elecciones.

MSNoferini

…bienvenida la ingobernabilidad

Publicado: septiembre 20, 2016 en Uncategorized
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Ya llevamos nueve meses con el gobierno del estado en funciones, desde las elecciones del 20 de diciembre de 2011, y lejos de verse cumplidos los negros presagios de algunos agoreros, para los que la falta de gobierno podía suponer poco menos que las siete plagas de Egipto, vemos que cada día sigue saliendo el sol, los trabajadores españoles no hemos visto empeorada nuestra ya de por sí paupérrima situación laboral, los servicios públicos siguen funcionando gracias a la buena labor de cientos de miles de trabajadores públicos, nuestra indicadores económicos siguen a la alza, la justicia sigue funcionando, y de paso evidenciando día sí y día también las miserias del partido en el gobierno, y en definitiva parece ser de que las cosas funcionan algo mejor de lo habitual.

Recordando el antecedente del país más cercano que vivió una situación parecida a la española, Bélgica, no creo que los cerca de dos años que estuvieron sin gobierno les fuera  tan mal. Es más, cuando la opción es tener un gobierno débil en minoría con una oposición a degüello capaz de paralizarlo todo o no tener más que un gobierno en funciones haciendo de invitado de piedra sin la capacidad de imponer nada, muchos nos quedamos con la segunda opción.

¿No son acaso muchas las filosofías, teorías económicas y regímenes políticos que apuestan por gobiernos totalmente exentos de poder y capacidad de decidir por nosotros? Desde el libertarismo, para el cual los gobiernos deben principalmente procurar salvaguardar nuestros derechos y libertades y poco más, pasando por todas esas teorías liberalistas, precursoras del capitalismo, no son pocas las teorías y filosofías que promueven el reducir los poderes de los gobiernos y gobernantes como la mejor forma para poder garantizar nuestras libertades.

A buen seguro que no somos pocos los que vemos la falta de un gobierno electo con plenas capacidades de decisión como una buena oportunidad de dejar constancia de lo sobrevalorado que está el denominado poder ejecutivo y como a final de cuentas la verdadera labor que asegura el buen funcionamiento del poder ejecutivo no se realiza desde la Moncloa o desde los consejos de ministros sino desde unas estructuras públicas que afortunadamente en este país, gracias a esos  en ocasiones tan denostados funcionarios públicos, funcionan perfectamente, a pesar de la torpeza de nuestros gobernantes y políticos.

Simplemente pensar de que en cuanto se consiga formar un gobierno con plena capacidad ejecutiva y con un número de escaños en parlamento y senado como para tener el control del poder legislativo, y de rebote el judicial –no olvidemos la deficiente separación de poderes que tenemos en este país (pensemos como prueba de ello quien elige a los miembros del Consejo General del Poder Judicial, Fiscalía, Tribunal Constitucional)-, y más si ese gobierno lo encabeza el PP, nos esperan más políticas encaminadas a la austeridad, pues así se lo mandan desde la Unión Europea y desde los grandes organismos económicos –que ha fin de cuentas son los con su usurpación de funciones controlan nuestras políticas, economía y de rebote nuestras vidas-, y con ello el desmantelamiento de los servicios públicos, congelaciones salariales y toda una serie de leyes encaminadas a favorecer a los de siempre en detrimento de trabajadores y de la empobrecida clase media.

Por todo ello bienvenida la ingobernabilidad; a falta de un gobierno progresista capaz de cambiar la concepción del estado y de garantizar nuestros derechos más  fundamentales, que aun quedando recogidos en nuestra actual constitución  desgraciadamente no se están cumpliendo (desde la libertad de expresión, a derechos tan básicos como la vivienda, educación y sanidad pública, un sistema tributario justo, prestaciones y pensiones, así como el empleo y la calidad de este.).

MSNoferini

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