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Estos días han sido profusos en crónicas de la España más negra, crónicas de criminales de altos vuelos y bajos instintos, a los que no quiero dedicar ni un minuto, porque prefiero dedicar mi tiempo y esfuerzo en publicitar algo que seguramente habrá pasado mucho más desapercibido y puede ser tan grave o más, la privatización de los servicios de colocación.

La privatización de los servicios de colocación ya es un hecho, recayendo estas competencias en seis empresas diferentes, siendo las más importantes Manpower y Adecco dos famosas empresas de trabajo temporal.

Lo triste del caso es que: primero, no se le ha dado excesiva publicidad a la privatización de dicho servicio; segundo, al no existir un estudio serio y riguroso hecho por la propia administración, sobre el coste medio que representa para los servicios de empleos públicos la colocación de un desempleado, ha llevado al gobierno a hacer suyos los números del estudio realizado por la propia patronal de las ETTs y la consultoría PricewaterhouseCoopers (PwC).

El estudio ha acotado lo que según ellos representa la partida presupuestaria que las oficinas de empleo gastaron durante el 2013 en las labores de intermediación para la colocación de los desempleados de este país, según este estudio el gasto ascendió a 3.765 millones de euros –y quién se lo cree-. Una vez se ha hecho el cálculo del gasto se divide entre el número de desempleados a los que se les consiguió encontrar una colocación, 267.826 personas, durante el pasado año. Y al final tenemos que según la patronal del sector de las ETTs en España se gastó una media de 14.059 euros por cada colocación.

Con estos números no es de extrañar que quieran hacer creer a la gente que destinando una partida algo menor, a la que supuestamente se gasta en dar este servicio, la privatización es la opción más rentable para las arcas del estado.

En el colmo de la desfachatez el estudio dice que aun incrementando en un 10% el gasto realizado por los servicios de colocación (108,30 millones) el estado saldrá ganando considerablemente con la privatización del servicio al estimar que podrían encontrar colocación a 25.849 parados. Con la colocación de estos más de veinticinco mil desempleados, y suponiendo que tuviesen trabajo durante un año, el estado podría tener un beneficio de 4.958 euros por desempleado al año, al considerar que aun teniendo el salario mínimo podrían generar per cápita: 3.257,48 euros de ingresos en cotizaciones a la Seguridad Social, 6,28 euros en pagos del IRPF y 360,72 euros de IVA en consumo, a lo que sumarle 1.333,52 euros de ahorro en prestaciones por desempleo. Lo que según los autores del estudio supondría un total de 128,16 millones de beneficios totales, lo que representaría un gran negocio para el estado al conseguir una rentabilidad del 18,7%.

El presupuesto aprobado este año para financiar a estas empresas de colocación se ha iniciado con 30 millones de euros, pero en los presupuestos generales del próximo año ya se contempla una partida de 110 millones, dinero que a buen seguro de ser gestionado por las propias administraciones públicas repercutiría mejor en el propio beneficio del estado cosa que no ocurrirá al ser traspasada la competencia a la empresa privada, ya que seguramente acabará enriqueciendo a las seis empresas afortunadas, elegidas de manera totalmente arbitraria, que conseguirán pingües beneficios con la colocación de unos cuantos trabajadores y la explotación de los suyos propios.

MSNoferini

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emigrantes

Hace ya un tiempo que las gentes y los medios de este país han aparcado la cuestión de la inmigración, lo que algunos consideraban un problema y para unos pocos podía ser la excusa perfecta para con sus discursos xenófobos ganarse un hueco en la escena política –como en el caso del despreciable partido catalán PxC. Por lo visto hemos dejado de fijarnos en los otros, para focalizar nuestras miradas en los problemas propios y en nuestra forma de subsistir en estos duros tiempos que nos ha tocado vivir. También es bastante probable que viendo el cada vez mayor número de personas de nuestro país que, debido a la necesidad, se ven en la obligación de coger la maleta e irse a buscar la vida en el extranjero, hemos comenzado a ser conscientes de que el emigrante no es un bulto sospechoso, sino una persona a la que la necesidad le ha obligado a marcharse lejos de casa para poder subsistir.

Según he oído decir a algunos compatriotas que residen en Alemania, una parte de los alemanes recelan de los emigrantes españoles, no estando mejor considerados de lo que podrían estarlo la numerosa comunidad polaca, la griega o la turca. Una buena parte de los alemanes recelan de los emigrantes, vengan de donde vengan, y en el caso de los españoles nos tienen etiquetados de poco trabajadores y formales, y consideran que somos responsables directos de buena parte de los males que aquejan en estos momentos a nuestro país, o así se lo han hecho creer.

La emigración, o lo que algunos denominan “movilidad exterior” –estúpido eufemismo acuñado por alguna persona aun más estúpida-, es una lacra de la que se debe responsabilizar a nuestros gobernantes, los cuales no han sabido hacer bien su trabajo, un trabajo excesivamente bien retribuido para lo que hacen. Entre otras cosas no supieron o no se preocuparon de: crear tejido industrial donde era necesario y viable, impulsar la modernización de nuestra industria, incentivar el comercio exterior, evitar que nuestra economía se sustentase en un único sector económico, y llegada la crisis no supieron hacer las políticas económicas y laborales adecuadas. También sería bueno hacer un recordatorio sobre las ingentes cantidades de dinero que el estado y la UE aportaron a algunas regiones de nuestro país, regiones que a día de hoy son de las que tienen un mayor índice de desempleo, con el fin de incentivar ciertas políticas de desarrollo, pero que por lo visto sólo sirvió para llenar unas bocas, cerrar otras y enriquecer a unos pocos.

Pues entonces, ¿qué hacer cuando por muy cualificado que estés no tienes perspectivas de futuro en tu tierra? Pues por desgracia lo mismo que tuvieron que hacer muchos de nuestros abuelos, buscarse la vida en tierras extrañas.

Según un informe de la empresa Adecco en enero del año 2008 residían fuera de España 1.201.433 españoles mayores de edad, datos sacados del censo electoral, cifras que a la finalización del pasado año se incrementaron en casi 400.000 personas más. Se cree que cerca de 15.000 personas abandonaron nuestro país para ir a trabajar a Alemania durante el año 2011 y el pasado año la cifra se dobló llegando a las 30.000.

En este país, donde más de la mitad de los jóvenes no trabajan por ser casi imposible encontrar un primer empleo, y donde las perspectivas no son nada halagüeñas si tenemos en cuenta que no se están creando puestos de trabajo y a las personas más mayores que lo tienen se les quiere alargar la edad de jubilación, se está directamente invitando a nuestros jóvenes a marcharse. Y lo triste es que estamos perdiendo con la emigración a parte de la generación  mejor preparada y cualificada que nunca habíamos tenido, porque por cada joven de los denominados “ninis” tenemos a cinco excelentemente formados, ya que entre otras cosas buena parte de ellos han podido cursar estudios universitarios, cosa que a lo mejor en un futuro no muy lejano no puedan llegar a hacer los hijos de los obreros.

Con la emigración hemos perdido y continuaremos perdiendo, entre otros, a nuestros jóvenes y cualificados médicos, enfermeros, ingenieros, científicos, economistas, etc., los que sin lugar a dudas deberían ser nuestros valores de futuro y a los cuales hemos preparado para que, por desgracia, sean otros los países que se beneficien de su excelente formación. Y mientras los más aptos nos abandonan, los más ineptos, esos que nos han llevado a donde estamos, continúan calentando sus escaños y sus importantes y bien retribuidos puestos, ganándose la vida a base de jodérnosla a la inmensa mayoría.

MSNoferini