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Hablemos del 1-O

Publicado: julio 3, 2017 en Uncategorized
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Humor referéndum

Supongo que no seremos pocos quienes siendo catalanes seguimos sin sentirnos atraídos del todo por las tesis independentistas y mucho menos nacionalistas, pero sin que ello reste un ápice nuestro incondicional apoyo al derecho de nuestro pueblo a decidir su futuro el próximo 1 de Octubre. A diferencia de la ambigüedad de algunos y los intereses de quienes como si de una veleta se tratara giran a favor del viento que más le conviene, yo siempre he sido muy claro, soy totalmente favorable a cualquier referéndum impulsado desde abajo y más si cuenta con un amplio respaldo como es en este caso, y si quienes controlan las instituciones del Estado son tan antidemócratas de no querer consensuarlo y ponen todas las trabas posibles para evitarlo, se tira para adelante y que se atrevan a paralizarlo usando la fuerza. Pero también no es menos cierto que cualquier decisión que nazca de la voluntad popular debería contar con un mínimo de respaldo, y es por ello que entiendo que si queremos darle carácter de vinculante al resultado del mencionado referéndum por la autodeterminación, el Sí debería tener como mínimo el apoyo de la mitad más una de todas aquellas personas con derecho a expresarse votando, ya que el sentido común debería hacernos ver que no podemos tomar ciertas importantes decisiones, como es la desconexión con el estado y la creación de un nuevo estado soberano, con el apoyo de unos pocos.

Si Catalunya tiene cerca de 7,5 millones de habitantes y el censo electoral permite el voto a cerca de 5,5 millones de personas ¿deberíamos aceptar que de un millón y medio a dos millones de personas decidan por todo el resto? ¿No sería lógico que cualquier consulta vinculante contara con el apoyo de la mitad más una de todas aquellas personas con derecho a voto?

Que cada cual responda en conciencia y aplicando el sentido común que la ocasión requiere, pero el derecho a expresarnos en libertad nadie nos lo puede negar.

MSNoferini

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Voto

La fecha y la pregunta a formular en el referéndum, donde se ha de decidir la separación o no de Catalunya respecto del estado Español, se retrasa. Parece que “el procés” se eterniza, llenando aún más páginas y minutos en diarios e informativos, y produciendo con ello un profundo cansancio entre los catalanes, en un amplio sentido por uno u otro motivo.

Algunos estamos muy cansados del hecho ser testigos de como el referéndum se ha acabado convirtiendo en el eje central de la lucha de buena parte de los partidos políticos catalanes y de la sociedad civil, dejando en un segundo plano la complicada situación que han vivido y siguen viviendo no pocas personas de este país en este largo periodo de crisis, y la búsqueda de soluciones a sus problemas. Entiendo que “el procés”, para algunos, se ha convertido en una perfecta cortina de humo para tapar y dejar en el olvido ciertas responsabilidades de sus gobiernos, y seguramente en causa de una profunda fractura o división entre los propios catalanes, que ha impedido crear un frente común en la lucha contra el centralismo de quienes se creen en el derecho de despreciar las instituciones catalanas, burlarse de la democracia y justificar sus decisiones al amparo de su cruzada por la unidad de la patria.

Seguramente si el proceso en la legítima búsqueda del derecho a la autodeterminación hubiera podido dejarse en stand by, buscando con ello tejer alianzas con otros partidos que permitieran modificar la legislación para convertirlo en una realidad y no dar argumentos a quienes han convertido al independentismo catalán y la desmembración de la tan cansina unidad de España en la “piedra clave” sobre la que han sustentado su continuidad en el poder, el proceso hacia la autodeterminación y el desenlace de este hubieran podido estar más cerca de lo que lo está a día de hoy.

No es de extrañar que a estas alturas seamos mayoría los catalanes que deseamos que se convoque un referéndum vinculante de una vez y poder pasar página, sea para conseguir la tan ansiada emancipación del estado o para olvidarnos durante un tiempo del tema, sin que eso quiera decir aceptar la continuidad de la actual concepción de estado que tenemos.

Si se pierde un poco de tiempo en intentar conocer la historia de esa porción de tierra que llamamos Catalunya, lo que ha contribuido en el desarrollo de todo el país, sus diferencias culturales y lingüísticas respecto al resto del estado, y se reconoce el legítimo derecho de cualquier territorio a decidir libremente su futuro, como se ha hecho en otras partes de este ancho mundo, no tiene sentido negarse en banda a negar ese derecho a los catalanes o a cualquier otro pueblo del estado. Pero claro a quienes criticaban el nacionalismo catalán y promovían otro tipo de nacionalismo centrípeto (unionista) y algo arcaico les venía muy bien, pues al final de cuentas los nacionalismos centrípetos y centrífugos se retroalimentan y se necesitan para existir. No olvidemos que la mejor manera para cohesionar un territorio y poner fin a sentimientos independentistas y/o nacionalistas es simple y llanamente reconocer, respetar y valorar las diferencias o idiosincrasia de nuestros hermanos o vecinos y trabajar con ellos codo con codo en la búsqueda del beneficio mutuo; algo que en España, sobre todo en los últimos años, no se ha hecho (sobre todo si no te necesitan para aprobar presupuestos o mantenerse en el poder).

Y ya puestos en materia me gustaría plantear la principal duda que me viene a la cabeza al respecto de este proceso que sí o sí será unilateral. Viendo como tras las elecciones al Parlament de Catalunya del 27S de 2015 hubo quien reconociendo la victoria de los partidos independentistas dio por perdido el sentido plebiscitario de apoyo al proceso, al no haber obtenido dichos partidos la mayoría de los votos emitidos, aunque dicha declaración y lectura de los resultados cayera en el olvido a los pocos días para querer hacernos entender que “el procés” continuaba por ser suficiente la mayoría parlamentaria para justificar la voluntad de los catalanes, ahora me pregunto: ¿Será suficiente para declarar unilateralmente la independencia que en el referéndum el SÍ obtenga mayoría aunque los votantes del NO se abstengan de acudir a votar, por considerar el proceso ilegítimo, y los votantes del SÍ no lleguen a la mitad del censo electoral catalán (+5,5 millones de personas)?

Muchas dudas sobre cómo se hará, sobre qué nos conviene a los catalanes, como actuará la apisonadora del estado, qué sucederá al día siguiente, etcétera. Lo único que sé seguro es que pase lo que pase los ricos continuarán siendo ricos y haciendo buenos negocios en Catalunya, España y donde se tercie; los pobres seguirán siendo pobres; y que es probable que una vez más se cumpla con esa máxima “lampedusiana” de buscar “cambiarlo todo, para no cambiar nada”.

MSNoferini

 

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Leía hoy en el ABC la columna de José María Carrascal, periodista octogenario que se hiciera famoso por ser el presentador del telediario de las ocho en los primeros tiempos de Antena3 y por sus estrafalarias corbatas. Un artículo de opinión, titulado “El Verdadero Nacionalismo”, donde su autor intenta hacernos ver, cogiendo como referencia la reciente “conferencia de presidentes” donde “seremos afortunados de no terminar a bofetadas”, los grandes males de España; pues “el problema número uno de este país” es la mala relación entre los diferentes territorios del estado, “el mal engarce” que arrastramos desde la ya tan recurrente “unidad de las Españas”  en época de los Reyes Católicos, y principalmente los poco democráticos nacionalismos “que desde la superioridad exigen ya de entrada que se les dé cuanto piden”.

Pero la perla del artículo, o el punto que a este servidor más le ha indignado, y eso que de nacionalista poco tengo, es cuando se hace referencia a no ceder ante quienes piden poder atribuirse la “facultad de independizarse”, “por no ser eso una negociación, sino una rendición”. Una rendición de la que “hemos tenido bastante culpa el resto de los españoles, al reconocerles rasgos y privilegios incompatibles con el moderno Estado de Derecho. Comenzando por el apelativo de histórico, cuando historia tiene tanta o más cualquier otro rincón de España. Luego, concediéndoles prerrogativas fiscales más propias de la Edad Media que de la actualidad”.

José María Carrascal patina estrepitosamente cuando menciona la historia para indicar que no se deberían supeditar derechos o prerrogativas a hechos del pasado. Es evidente que los derechos no tendrían por qué nacer de la historia, aunque esta sea importante. Los derechos reivindicados por el pueblo catalán y el sentimiento de desafección hacia el estado español nacen principalmente de los constantes agravios recibidos en los últimos veinte o treinta años, como podría ser el recurso de inconstitucionalidad contra l’Estatut que allá por el año 2006 presentó el Partido Popular, nacen de la desigual contribución económica a la sostenibilidad del estado y de las constantes críticas recibidas aun habiendo sido durante muchos años la autonomía que más aportaba y nace de la manifiesta falta de libertad del pueblo catalán a poder ejercer el derecho inalienable de cualquier pueblo a poder decidir libremente cual quiere que sea su futuro.

Hablar de historia, en no pocos casos manipulándola o retorciéndola a conveniencia, para intentar justificar el derecho a decidir sobre la independencia de un pueblo o para argumentar todo lo contrario, para reivindicar el derecho sobre un territorio (como podría ser el caso del Pueblo de Israel), modificar fronteras, etcétera, me indigna. El derecho de un pueblo a decidir su vinculación o emancipación, para convertirse en un país soberano no se ha de fundamentar en el pasado o en hechos diferenciales, se ha de reconocer única y exclusivamente por el manifiesto deseo de sus gentes. La plena democracia consiste en eso, personas libres que deciden su futuro, guste más o guste menos lo que se ha de someter a decisión del pueblo.

MSNoferini

9N2014
Sin saber en el momento de redactar estas pocas líneas cual será el volumen de participación en la consulta de este 9N quería reflexionar sobre la que considero una de las grandes jugadas del nacionalismo catalán, aceptar o aparentar aceptar el bilingüismo de nuestra tierra catalana. Atrás han quedado esos tiempos en los que muchos nacionalistas enfermaban con sólo sentir alguien en su tierra hablando en castellano. Ha dejado de importar el idioma, la ideología, o si la Jeni y el Jonathan de turno preferían ir a la feria de abril antes que ir a ver una exhibición de castellers o sardanas, ahora todos somos hermanos con un único objetivo inmediato, la independencia.

Si hace un tiempo era más que habitual oír hablar de charnegos, refiriéndose a los inmigrantes venidos de las españas que parecían no querer integrarse ni aprender nuestra hermosa lengua, y botiflers, haciendo referencia a esos malos catalanes que parecían renegar de su catalanidad o de parte de ella, ahora dios guarde de ofender a quienes podrían ser valiosos aliados en la cruzada independentista.

Sería triste que el fin de ese rancio nacionalismo catalán de porrón y espardenya respondiese a un fin en lugar de una evolución fruto del raciocinio y la cordura. Pero la cuestión es que, sea por A o por B, la jugada, y más cuando ha ido acompañada de un nuevo agravio del casposo nacionalismo español con su antidemocrática postura de limitar el derecho de los catalanes a dar respuesta a que tipo de futuro quieren para nuestra tierra, le ha salido redonda al nacionalismo catalán, ya que por fin han conseguido la adhesión de un elevado número de personas que en otra época ni se les hubiera pasado por la cabeza el plantearse dar apoyo a la secesión de Catalunya del estado español.

Pero aun así, y criticando la búsqueda interesada de apoyos que han hecho algunos, es innegable que este 9N debería ser la fiesta de la democracia. Porque nos gusten más o menos los postulados nacionalistas o independentistas la democracia es dar voz a la ciudadanía y permitirnos elegir que tipo de futuro queremos. Por todo ello deseo que la ciudadanía pueda acudir a dar su voto en plena libertad y sin coacción alguna, como que se pueda tener el total derecho a abstenerse de participar, y sin que dicha discrepancia pueda irritar a nadie.

MSNoferini

¿Recuerdan aquel anuncio de colonias que decía “…en las distancias cortas es donde […] se la juega”? Pues seguramente no sólo las colonias se la juegan en las distancias cortas sino que también los políticos. Y sino que se lo digan al político catalán Oriol Junqueras.

Quienes pudieron, o quisieron, ver el programa de Jordi Évole este pasado domingo fueron testigos de cómo se desenvolvía el líder de ERC en la distancia corta. “Salvados” inició la nueva temporada apartando al señor Junqueras de sus habituales quehaceres políticos y de su bien amada tierra para trasladarlo a pasar el día con una familia sevillana, la familia Parejo, donde pudo dialogar de manera distendida sobre sus ideales políticos y el referéndum catalán de autodeterminación que debería realizarse el próximo 9 de noviembre.

Sin lugar a dudas la idea de poder escuchar a un político fuera de su entorno habitual y sometiéndose a las preguntas de ciudadanos corrientes con una visión diametralmente opuesta a la suya fue un acierto, pero no así la desenvoltura y los argumentos del político catalán. Y lamento decirlo porque el líder de ERC hasta la fecha me había parecido un político bastante brillante, todo y eso de no compartir ideales.

Considero que al señor Junqueras le faltaron tablas y no argumentó todo lo bien que seguramente podía haberlo hecho sus ideas y las causas que deberían llevar a Catalunya a decidir su futuro en el encaje con el estado español. Al margen del repetitivo discurso de “los catalanes tenemos derecho a elegir nuestro futuro, a no ser gobernados desde Madrid, a poder administrarnos y a equivocarnos” encontré a faltar argumentos para hacer entender el por qué del deseo de muchos los catalanes de desear la secesión de España, ni siquiera profundizó en algo tan obvio como los números que avalan ese déficit supuestamente tan descomunal del estado hacia Catalunya.

Si tuviésemos que creer al presidente de ERC cuando Cataluña sea independiente todo será maravilloso y tanto Catalunya como España saldrán ganando, algo difícil de entender y mucho menos de creer, sobre todo lo último.

Otro detalle digno de ser comentado es cuando se le preguntó sobre la tendenciosa posición de los medios audiovisuales públicos catalanes en lo referente a la consulta y a las tesis nacionalistas, que Jordi Évole lo ilustró con un divertido video de la propia TV3, y a lo que no dio una respuesta clara.

También encontré a faltar una rápida respuesta a esa especie de hipérbole mal intencionada que el rancio nacionalismo español suele usar de manera habitual referente al deficiente conocimiento del castellano que tienen buena parte de los alumnos catalanes por las supuestas trabas existentes para su aprendizaje en nuestras escuelas y que quedó resuelto por la intervención del propio conductor del programa.

No me gusta tener que reconocerlo pero es más que probable que de habérsele dado esta oportunidad de explicarse de manera tan distendida ante los medios al señor Mas habría sabido argumentar mejor sus ideas, por mucho que me pese por la poca simpatía que le profeso. Tal vez el presidente del ERC y alcalde de Sant Vicenç del Horts no estuvo excesivamente brillante como una consecuencia directa del jet lag o tal vez a causa del vermut y la copiosa comida con la que le obsequió la familia Parejo, y que fue regada con el excelente vino del Penedes que les trajo de presente el propio Junqueras.

En conclusión el señor Junqueras perdió una magnifica oportunidad para hacerse oír y no tengo duda alguna de que en esta ocasión la distancia corta no se le dio excesivamente bien.

MSNoferini

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Leía ayer (4/9/2014) que el fabricante chino de automóviles Brilliance ha desistido en su intención, rubricada a bombo y platillo hace tres años en el Palau de la Generalitat, de montar su fábrica europea en Cataluña, optando por llevársela a Italia. Por lo visto una de las primeras causas que ha llevado a la empresa China a cambiar el emplazamiento de su factoría es la incertidumbre surgida a raíz del proceso soberanista catalán.

Queda claro que, aunque algunos no lo quieran ver, son unas cuantas las empresas establecidas en nuestro territorio o que preveían establecerse en él que ante la incertidumbre de cuáles pueden ser las consecuencias de una posible Cataluña independiente han decidido establecerse en otros países o están a la expectativa para decidir si se trasladan o se quedan. El proceso independista abre un gran número de interrogantes y los partidarios de una y otra opción no pueden saber a ciencia cierta que nos puede deparar el futuro. Nadie tiene claro el rechazo que pueden tener los productos hechos en Catalunya en el mercado Español, nadie puede asegurar que Cataluña tenga asegurada su continuidad inmediata en la UE, ni lo que tributarán esas empresas y los tipos impositivos que puedan agravar sus productos, o como será la legislación laboral –aunque si llegado el caso tuviera que gobernar CiU la nueva Cataluña está claro que las empresas podrán estar tranquilas, porque viendo como apoyó la reforma laboral del PP y como consiguió colar algunas enmiendas que la hacían aun más nociva para los trabajadores son estos últimos los que deberían preocuparse-.

Pero el proceso soberanista y una posible independencia no sólo crea incertidumbre en las empresas ya que en a los ciudadanos catalanes, de nacimiento y acogida, también hay dudas, muchas preguntas (sobre como se financiará Catalunya durante sus primero años con la deuda exerna que seguramente le tocará asumir, sobre el sistema de pensiones y subsidios, etc.) y en algunos casos quizás hasta temor. Seguramente será un temor infundado pero existe.

Porque mucho hablar de la independencia pero lo cierto es que nadie tiene claro nada y se debería evitar caer en el error de dejarnos confundir por políticos y economistas defensores de los pros y contras de la hipotética independencia de Catalunya, en caso de ganar el SÍ en un referéndum vinculante. Pues queda claro que a corto plazo y medio plazo a los humildes ciudadanos de esta tierra pocos beneficios nos va a aportar, al margen de aquellos que les prima más su sentimiento nacional que su situación laboral y/o económica.

¿Por qué alguien cree que sus salarios a corto y medio plazo se incrementarían en la nueva Cataluña? ¿Creéis que las arcas del nuevo estado se llenarán tras la independencia y los políticos de turno apostarán por incrementar prestaciones e invertir más de estrictamente justo para mejorar los servicios públicos? ¿Acaso alguien se cree que la mayoría de los partidos conservadores, que hasta ahora han sido mayoría en el espectro político del parlamento catalán, van apostar por incrementar las políticas sociales y mejorar las condiciones laborales de los catalanes (y la prueba del tipo de política que se podría llevar acabo por parte de los partidos más conservadores está más que clara si tenemos en cuenta alguna declaración del President Mas)?

Son muchos los interrogantes y demasiadas las mentiras con las que unos y otros nos han querido contaminar. Está claro que si realmente viviéramos en un estado democrático los ciudadanos catalanes y españoles deberíamos poder tener una mayor participación en la toma de decisiones y deberíamos tener el derecho a decidir sobre nuestro futuro, pero claro con la excusa de que la representación de la soberanía la tienen nuestras cámaras de representantes los diversos gobiernos del estado y de las comunidades hasta la fecha han hecho en gana con la excusa de que venían legitimados por haber sido elegidos por la ciudadanía. ¿Cuántas veces CiU y los otros partidos que han gobernado España y Cataluña nos han consultado a través de un referéndum? Cuatro en España (Reforma estado tras la dictadura, ratificación Constitución, OTAN y UE) y dos en Catalunya (aprobación Estatut y reforma del 2006 –la que se cargó el PP). Los políticos tienen ese mal hábito de hacer oídos sordos de las quejas de la ciudadanía excepto cuando les interesa a ellos, y dado el caso una ley de consultas catalana es una buena idea pero hace mucho que podían haberla aprobado. Pero una ley de consultas no garantiza nada ¿por qué de verdad creemos que a partir de ahora se va a pedir el refrendo de la ciudadanía a la hora de aprobar cualquier tema de capital importancia? Está claro que no, la ley de consultas se aprueba con el fin de intentar dar una imagen de legalidad a una consulta que desde el estado se la tacha de ilegal.

Pero también hemos de pensar que el órdago lanzado por el gobierno catalán al estado español con el referéndum por la independencia de Cataluña se originó más como un intento desesperado para forzar al gobierno español a cambiar el sistema de financiación catalán que en un deseo real de buscar la plena independencia. Que nadie se olvide que hasta la fecha el partido del señor Mas, CiU, nunca se había distinguido por su defensa de la creación del estado catalán, pero viendo la intransigencia y la falta de voluntad por dialogar del gobierno del Partido Popular, el mismo partido que no tuvo reparo alguno en usar todos los mecanismos posibles para cargarse cercenando de contenidos el nuevo Estatut que aprobaron en su día los catalanes, optó por jugárselo todo a esta peligrosa carta.

Una buena parte de los catalanes, entre los que me incluyo, apoyamos el derecho de los catalanes a decidir pero creemos que la hipotética consulta de noviembre no llega en el mejor momento. Uno tiene la impresión de que en estos momentos tan difíciles con unos índices de desempleo nunca vistos, donde por obra y gracia de los gobiernos ultraconservadores de España y Cataluña se ha recortado salarios, prestaciones y derechos no es precisamente el mejor momento. Primero se debería trabajar de manera honrada, y sin priorizar los intereses personales y el partidismo, en reconstruir el estado de bienestar, que ellos (los partidos que han gobernado en España y Cataluña) se cargaron. Y una vez comenzáramos dejar atrás esta estafa, a la que se ha venido llamando crisis, a la que nos han sometido a los ciudadanos de los países más pobres de Europa buscar todos los consensos posibles ponerle una fecha y defender las posturas del SÍ y el NO de la manera más honrada, sin engaños y sin caer en la xenofobia hacia los defensores de la postura contraria. Y sería bueno que la televisión pública catalana, que por algo es pública y se paga con el dinero de todos los catalanes, no fuese tan subjetiva, publicitando y defendiendo de manera descarada las tesis de los partidarios de la consulta y la independencia.

MSNoferini

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Dos geniales viñetas de Faro (http://www.e-faro.info/)

Día tras día los medios de comunicación no dejan de dar cobertura a todo lo relacionado al independentismo catalán, y el deseo del gobierno de la Generalitat de celebrar un referéndum de autodeterminación. Noticia que llena páginas y más páginas de la prensa escrita y buena parte de los noticiarios, como si ya no existieran otros problemas.

Viendo los noticiarios uno tiene la impresión de que los nacionalismos cada día parecen ganar más adeptos, y cuando hablo de nacionalismos me refiero a todos, centrífugos y centrípetos (separatistas y unionistas). Parece que una buena parte de la gente, que antes anteponían a las personas por delante del sentimiento patrio, cada vez se va alineando más con una determinada idea de país. Algo que muchos no compartimos aunque respetamos, siempre que esos nacionalismos no comporten el desprecio y la aversión hacia los que no comulguen con dichas ideas.

Cataluña siempre ha sido tierra de acogida, y fue la inmigración lo que, entre otras cosas, la ha hecho grande. Cataluña llegó a unas cuotas de desarrollo superiores al resto del estado gracias a su, en otras épocas, floreciente industria y al enorme contingente de mano de obra barata, emigrantes llegados de todos los rincones del estado en busca de un futuro mejor. Y fueron estos movimientos migratorios lo que nos ha llevado a que en la actualidad sean muchos los catalanes cuyas raíces o alguno de los miembros de su familia provengan de alguna otra parte del estado español. Por lo tanto a la hora de defender nuestra identidad cultural y reivindicar determinados derechos sería bueno no caer en el olvido de quienes somos, así como no cometer el mismo error que por desgracia se ha venido dando desde la capital del reino, no saber escuchar y despreciar a los disidentes con las doctrinas oficiales.

Es muy triste que quienes nos gobiernan no hayan sabido tender puentes, se hayan dedicado a dinamitar los ya existentes y hayan optado por intentar manipular a la opinión pública. Se manipula la información, las cifras de las estadísticas, el número de participantes en los actos reivindicativos y, aun más triste, se manipula a todos aquellos que optan por no participar en las concentraciones públicas, la llamada “mayoría silenciosa” dándole una supuesta ideología a propia conveniencia.

En la actual Cataluña aun son muchas las personas, a pesar de ser conscientes de algunos de los agravios a los que el estado español haya podido tener con esta tierra, que siguen sintiéndose catalanas y españolas. Como también existe otro importante número, entre los que me incluyo, que sentimos una total desafección por sentirnos parte de una u otra nacionalidad. Cosa que nos lleva a no alinearnos, ni reivindicarnos, en los actos organizados en enaltecimiento y reivindicación de determinada idea nacional. Y por lo tanto nos indigna considerablemente que se nos considere parte de unos o de otros.

Cuando uno se mueve por algunas partes de la ciudad de Barcelona y su cinturón metropolitano, la zona de Cataluña que aglutina unos mayores índices demográficos, se hace consciente de que existe una Cataluña no demasiado cercana a la tesis nacionalistas, en muchos casos castellano parlante dados sus orígenes, que en su gran mayoría no participó en las últimas macro concentraciones catalanistas, como tampoco lo hizo en los actos de la fiesta de la hispanidad. Un porcentaje importante de catalanes que probablemente les gustaría no tener que dar una simple respuesta afirmativa o negativa a la independencia de Cataluña, en el caso de realizarse un referéndum de autodeterminación, y que seguramente les gustaría tener una “tercera vía” a elegir, tal como se plantea hacer en Escocia.

Porque para algunos catalanes no dar su apoyo al independentismo no quiere decir que deseen quedarse anclados en el inmovilismo de siempre, y son conscientes que decir “no” a la independencia podría representar tener más de los mismo, un gobierno central demasiado dado a injerir en la gobernabilidad de Cataluña y en el control de sus finanzas. Ya que, desde la transición, los diferentes gobiernos de España no han sabido encontrar el equilibrio justo en las aportaciones de Cataluña en la cuota de solidaridad hacia el resto del país. Mientras Cataluña se empobrece siendo excesivamente generosa con sus vecinos, otros territorios del estado tienen una economía más saneada dadas sus mínimas aportaciones a estos fondos y gracias a las ventajas que les otorga su régimen foral.

MSNoferini

Igual esta sería una buena bandera para una hipotética Cataluña independiente, siempre y cuando alguien no la registre.

Igual esta sería una buena bandera para una hipotética Cataluña independiente, siempre y cuando alguien no la registre.