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Recuerdo como en uno de mis primeros trabajos me sorprendió que la dueña de las dos perfumerías en las que mi padre y yo estábamos trabajando en su decoración hubiera decidido montarlas en dos locales situados a muy pocos metros de otras perfumerías. Preguntada por mí al respecto, de qué le llevaba a elegir esos locales tan cercanos a tiendas del mismo sector al de su negocio, no viéndole la lógica, su respuesta fue la siguiente: ¡por qué arriesgarme a montarla donde no sé si tendré clientes cuando abriéndola aquí sé, gracias a esa perfumería, que tendré muchos potenciales clientes y encima yo cuento con la ventaja de poder ofrecer mejores precios que la competencia al comprar al por mayor!

En pocas palabras a la propietaria de las perfumerías le importaba muy poco hundir a la competencia, pues lo que le interesaba era hacerse con sus clientes, y este ejemplo ilustra a la perfección lo que es, o en lo que se ha convertido, la economía capitalista o de mercado, una forma de entender la economía de una manera egoísta y despiadada donde el fin, ganar dinero, justifica los medios.

En el momento de escribir este artículo o reflexión estoy leyéndome el libro de Christian Felber, “La economía del bien común”. Un interesante y muy recomendable ensayo, de fácil lectura para todos aquellos que tenemos escasos conocimientos en economía, que viene a plantearnos una forma de economía diferente a la actual “economía de mercado o libre mercado”, donde la búsqueda de beneficios no sea el fin, y los medios para conseguirlo no sean potenciando un deshumanizado individualismo competitivo capaz de despertar nuestros más bajos instintos, como serían la avaricia, el egoísmo o la envidia. La economía del bien común es algo tan sencillo como una forma de economía con valores, un sistema económico que se rigiera por los mismos valores que rigen o deberían regir nuestras relaciones: respeto, confianza, honestidad, empatía, solidaridad, cooperación, etc.

¿No sería hora de que el objetivo de la economía no fuera simplemente ganar dinero? ¿No sería lógico que al margen de medir el PIB y los balances económicos se empezase a medir los índices de satisfacción de los ciudadanos con sus vidas, los servicios públicos o con su trabajo, y fueran estos índices de igual importancia a la hora de planificar gastos y marcar la línea política de los diferentes gobiernos? Y a nivel empresarial lo mismo: ¿no se debería exigir que las empresas se preocuparan de pensar en “el bien común” de sus proveedores, trabajadores, destinatarios de los productos o servicios que producen o comercializan, así como ser lo más respetuosos posibles con el medio ambiente? ¿No se debería exigir que toda empresa pensara en la dignidad de sus trabajadores, asegurándoles las mejores condiciones laborales, evitando todo tipo de discriminación, buscando la cooperación y la solidaridad?

Hemos llegado a un punto de tal degradación del sistema económico capitalista, que se está perdiendo de vista que la economía no es más que una ciencia cuya finalidad debería ser estar al servicio de la ciudadanía, esas mismas personas que votan a los políticos que deberían encargarse de promover y hacer cumplir unas leyes con las que asegurar su bienestar. No considero admisible que exista una ciencia o disciplina académica que adoctrine para perpetuar un sistema tan socialmente injusto. No puede haber ciencia alguna (política, económica, empresarial) que no trabaje en el beneficio global de las personas y olvide o deje de lado unos valores universales (igualdad, fraternidad, solidaridad, cooperación, etc.) contemplados en la legislación de la mayoría de países, a través de sus constituciones, y en la declaración universal de los derechos humanos.

¿Cómo permitimos que a nuestros hijos se les vayan inculcando desde la más tierna infancia unos contravalores, como la competitividad, la individualidad o el materialismo destinados a crear desigualdad y pueden poner en riesgo su futuro o hacer de ellos unas personas infelices?

La economía del bien común no vendría a poner fin a lo que conocemos como economía de libre mercado, simplemente vendría a humanizarla dotándola de unos valores con los que desgraciadamente no cuenta; y lo curioso del caso es, si nos atenemos a lo que explica Christian Felber en su libro, que no existe economista que pueda demostrar empíricamente que la economía capitalista basada en la competitividad sea el sistema económico mejor y más eficaz. No son pocos los estudios realizados en diversas disciplinas científicas, como podría ser la psicología social, que demuestran que por encima de la competitividad el método más eficaz para motivarnos no es otro que la cooperación.

MSNoferini

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A día de hoy la economía del bien común no es ninguna utopía sino una realidad que día a día va ganando apoyos, y no son pocos los países de Europa con cientos de empresas vinculadas al proyecto.

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Unos tanto y otros tan poco

Publicado: octubre 10, 2014 en Uncategorized
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El genial y ácido humor del Roto. Un fiel reflejo de la realidad.

Hoy (10/10/2014) aparecía en el diario económico Cinco Días esta provocadora noticia:

“La creación de sociedades de inversión de capital
variable (Sicav) está registrando el mayor crecimiento
de su historia. En los nueve primeros
meses del año se constituyeron 180, un récord
sin precedentes, y el patrimonio bajo su gestión está a
punto también de superar su máximo histórico: los
32.000 millones de euros alcanzados en 2007, en plena
efervescencia económica y poco antes de que la crisis
empezase a mostrar sus primeros síntomas. Entre las
varias razones que explican la explosión de este vehículo
de inversión destaca la regularización fiscal de 2013,
que afloró cerca de 40.000 millones euros. Unos fondos
que permanecían fuera del circuito y que, al menos en
parte y animados por la mejora de los mercados financieros,
han optado por aprovechar la óptima fiscalidad de
este instrumento.”
 

Las SICAVs son sociedades de inversión famosas por sus ventajas fiscales y que sólo tributan un escaso 1 % (de acuerdo con lo establecido en el art. 28.5 LIS). Para poder constituir dichas sociedades se ha de contar con un capital mínimo de 2.400.000 euros. Hablando claro son sociedades nacidas con la finalidad de dar unas ventajas fiscales a las grandes fortunas. Lo que pone de manifiesto lo injusto de nuestro sistema tributario y por qué no decirlo de nuestro país.

Según publicaba el pasado mes de septiembre el diario el País (fuente Eurosat) el número de millonarios de nuestro país a la finalización del año 2012 se incrementó considerablemente pasando de los 233 que habían antes de la crisis (2007) a 443 personas, personas con un patrimonio declarado superior a los 30 millones de euros. Lo que pondría de manifiesto que España es uno de los países de Europa con mayor desigualdad social, sólo superado por Letonia.

Como no me canso de repetir lo que estamos padeciendo no es una crisis sino una estafa en toda regla que ha demostrado la fragilidad y lo injusto del sistema capitalista, donde sus principales responsables, capital y banca, amparados por los poderes políticos en ningún momento han visto peligrar su poder ni han tenido que purgar sus fechorías, siendo los únicos perjudicados el empobrecido proletariado y el resto de la ciudadanía.

En conclusión todo lo ocurrido en los últimos años en España pone en evidencia a nuestro ejecutivo, actual y pasado (PP, PSOE), así como a esos ruinosos gobiernos autonómicos, por no haber hecho las políticas adecuadas contra la especulación y el despilfarro, por destinar los pocos recursos económicos del país en rescatar a quienes nos arruinaron (les hemos refinanciado), y por haberse vendido a los poderes económicos sin importarles que ello representara, entre otras cosas, recortar nuestros derechos y empobrecer aun más a la ciudadanía. Lo que ha llevado a enterrar definitivamente el estado del bienestar e incrementar las diferencias sociales entre ricos (quienes controlan la economía y los principales medios de producción) y pobres.

MSNoferini

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Piramide social

¿Existen las clases sociales?

Estoy seguro que si antes de la crisis se hubiera formulado esta pregunta a cualquier persona de nuestro país hubiera contestado sin pensárselo “sí”. Y si le hubiéramos preguntado, ¿cuántas clases sociales existen en nuestro país?, seguramente casi todos nos habríamos inclinado por decir tres (clase alta, clase media y clase baja) , y es más que probable que algunos hubieran contestado de que dentro de cada grupo podían existir diversos subniveles, ya que al inculcarnos la idea de clases sociales a la gran mayoría se nos hizo creer que éramos afortunados pues estábamos situados en el centro justo  y que entre nivel y nivel habían unos cuantos escalones más (lo que nos colocaba en la clase media-media), y que en función de nuestro esfuerzo podíamos subir o bajar.

¿Pero realmente existen la clases sociales?

Tengo el recuerdo que cuando estudiaba la asignatura de antropología se nos decía que la idea de clase social no era una idea universal, ya que ni siquiera en todas las sociedades industrializadas de los países más desarrollados se tenía la misma concepción de clase social, pues a diferencia de los países en los que se inculca a sus ciudadanos desde pequeños la idea de pertenecer a una casta y por ello tener unos determinados códigos de conducta y relación con los demás grupos en función del escalafón en el que pudieran estar situados, la idea de clase social es algo más subjetivo y estrechamente relacionado con el poder adquisitivo de cada uno.

En la época en la que parecía que España era la tierra de las  oportunidades  -donde el más tonto podía encontrar un trabajo bien retribuido en el sector de la construcción o de la noche a la mañana podía montarse una prospera empresa en el mismo sector, y con ello, y la ayuda de los caritativos bancos, permitirse la compra de una fastuosa vivienda, un excelente coche y caprichos varios- la idea de clase social y de vivir en una sociedad justa, donde cualquier hijo de vecino podía ascender fácilmente en el escalafón social, era como un credo al que nadie o casi nadie cuestionaba.

Pero llegó esta crisis o estafa en la que continuamos inmersos y donde la mayoría de la ciudadanía malvive como puede y son muchos lo han perdido todo o casi todo y unos pocos aun se han hecho más ricos. Y no nos olvidemos de todos aquellos trabajadores o jubilados que a base de esfuerzo logró ahorrar una cantidad nada despreciable de dinero, y que en algunos casos les llevaron a creer de tener un estatus social diferente del que habían ocupado unos años antes, pero engañados por determinadas entidades financieras, con las famosas participaciones preferentes, vieron desaparecer sus ahorros o se les imposibilitó acceder a ellos, cosa que no les ocurrió a las grandes fortunas de esta país.

Porque pensémoslo con detenimiento ¿realmente tener unos cientos de euros más o un puesto de trabajo mejor retribuido nos pone en un escalafón social diferente? ¿a caso no somos la gran mayoría meros trabajadores, asalariados o autónomos, con unas obligaciones laborales que de no cumplirlas nos podría llevar a perder nuestro puesto de trabajo y quizás con ello hacernos perderlo todo incluida nuestra posición social? ¿el habito hace al monje, y más si ese hábito es prestado?

Abramos los ojos y seamos plenamente consciente de que existe una clase proletaria o de simples herramientas humanas del proceso productivo y una clase dirigente con el suficiente poder como para controlar al resto, una clase dominante que no necesita realizar un trabajo diario para garantizarse la supervivencia. Un grupo de personas con tanto poder como para hacernos creer la falacia de que trabajando podemos aspirar a entrar en nuevo nicho social mejor que el ocupado por nuestro entorno o el que pudieron ocupar nuestros padres, cuando la realidad es que a lo máximo que podemos aspirar con una mejor retribución fruto de nuestro esfuerzo es a tener más bienes materiales, capaces de darnos un adictivo efecto placebo capaz de hacernos creer de ser lo que no somos, pero que la mismo tiempo nos hace esclavos del sistema.

MSNoferini

Esto es Convergencia i Unió un partido neoliberal con una cierta dosis de hipocresía

Esto es Convergencia i Unió un partido neoliberal en un constante e hipócrita equilibrio

Somos muchos los que hemos criticado las políticas y las formas de nuestro Gobierno, el gobierno del Partido Popular, un partido de los llamados de derechas que apuesta claramente por liberalismo económico, el capitalismo y un ideal social ultraconservador basado en los principios del catolicismo más retrógrado. Unos ideales que conforman sus políticas destinadas a favorecer a aquellos que cuentan con el poder y los medios de producción, entendiendo que el apoyo e incentivación de estas élites podría repercutir en una mejora de la producción, creación de empleo y un incremento de la riqueza del país, pero sin importar las diferencias sociales que se puedan crear con estas políticas liberales y cuales pueden ser las consecuencias de que la mayor parte del poder y riqueza de un país se concentren en las manos de unos pocos. Unas políticas que a día de hoy, con la crisis en la que estamos inmersos, se han demostrado como totalmente inadecuadas y más cuando estas elites a las que se beneficia no tienen el menor pudor en reinvertir sus beneficios en el extranjero o depositarlos en bancos suizos.

Pero sería absurdo pensar que esta ideología sea solamente santo y seña del partido popular, ya que muchos otros partidos la comparten, como podría ser el partido catalán CiU.

CiU es una federación de dos partidos con una ideología muy similar a la del PP, ya que entre otras cosas Unió Democràtica de Catalunya es un partido democristiano afiliado, al igual que el partido del señor Rajoy, al Partido Popular europeo. Desde la supuesta llegada de la democracia a este país que Convergencia i Unió ha sabido jugar muy bien sus cartas, jugar con una hipócrita dualidad que le llevaba a hacer un tipo de discurso del gusto de buena parte de su electorado catalán pero sus representantes en Madrid podían hacer otro bien diverso. Y cuando los ajenos al partido se lo reprochábamos a sus militantes, estos se justificaban achacando las culpas a los representantes de Unió Democrática, el partido del señor Durán i Lleida.

No debemos olvidar el apoyo incondicional que CiU ha dado en más de una ocasión al Partido Popular, como en la primera legislatura del señor Aznar. No olvidemos el famoso acto simbólico por el cual la formación catalana ratificó ante un notario su intención de no pactar, cara a las elecciones a la Generalitat del 2006, con el partido popular, pero en Madrid no tenían reparos en pactar. No olvidemos su apoyo al PP en algunas iniciativas legislativas de clara ideología liberal, como cuando dio su apoyo a la criminal reforma laboral o a la polémica ley del aborto. No olviden los recortes hechos por ellos en Catalunya en sanidad, educación y política social y su intención declarada públicamente de seguir haciendo las mismas políticas en caso de una hipotética independencia de Catalunya.

CiU es un partido de derechas, que apuesta por las políticas propias de su ideología y que al igual que su homólogo español ha favorecido a unas determinadas élites en detrimento de los más necesitados y que su amor por el dinero le ha llevado a coleccionar una larga lista de escándalos económicos e imputaciones de algunos miembros ilustres del partido.

  • Caso Banca Catalana
  • Caso Campeón
  • Caso de las ITV
  • Caso Palau
  • Caso Pallerols
  • Caso Pretoria
  • Caso Treball

Al final uno tiene la impresión de que CiU y su presidente, al margen de vender humo a todos aquellos que confían en un posible referéndum de autodeterminación, ha favorecido a la derecha española haciendo que la izquierda catalanista se mantenga al margen de buena parte de las reivindicaciones de la izquierda española con la falsa promesa de un referéndum que sabe muy bien que llegado el momento no se le dejará hacer. ¿Por qué no sería mejor que la izquierda y todos aquellos contrarios a la forma en que se nos está gobernando desde Madrid nos uniéramos para luchar contra las múltiples injusticias de este país e intentar modificar la constitución? Actualizar una Constitución que permita una democracia plena, y que contemple entre otras cosas la posibilidad de respetar el derecho de las gentes y los pueblos que configuran la actual España a la autodeterminación. Y llegado el caso habría que preguntarse:¿cuántos catalanes querrían una Catalunya independiente pero aquejada de los mismos males endémicos de la España neofranquista sujeta a políticas de derechas, como las que son el santo y seña de CiU, destiandas a favorecer a unos pocos y a joder al resto?

MSNoferini

 Que quienes se dedican a la política han perdido el oremus y parecen vivir al margen de la realidad de los ciudadanos de sus países, ya lo sabemos casi todos, que la política se ha convertido en un sucio negocio donde es más importante rendir pleitesía a los que tienen el poder que en esforzarse en trabajar a favor de los pobres y necesitados, muchos lo sabían y otros lo han descubierto en estos difíciles momentos que nos ha tocado vivir. Pero ver como los caprichos e irresponsabilidad de unos pocos pueden llevar a la paralización de un país, sin importarles las consecuencias, es el colmo de los despropósitos y demuestra donde ha llegado la criminal desfachatez de algunos gobernantes.

Estos últimos días hemos podido ser testigos de la desvergüenza de algunos políticos, como puede ser el caso de Italia, donde su nuevo Duce, Silvio Berlusconi, a puesto en jaque a un gobierno como forma de intentar buscar una salida a sus multiples problemas judiciales. Otro claro ejemplo de irresponsabilidad criminal la podemos tener en EE.UU, donde el partido republicano, haciendo suyas las reivindicaciones del Tea Party, somete a un criminal chantaje al gobierno, con su negativa a ampliar el techo de su deuda y causando un paralización de la administración federal, si no se someten a su demanda de retirar el proyecto de la reforma sanitaria.

Injusticias de un mundo imperfecto, donde el nuevo y salvaje capitalismo ya no tiene el menor pudor de hacer visible su control sobre la economía mundial y la mayoría de gobiernos.

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Pasarán los años y esta gran estafa a la que hemos sido sometidos los países más pobres, esa crisis global que como un virus a causado estragos entre la ciudadanía, quedará como un triste recuerdo que muchos querrían dejar en el olvido. Pero recuerdos como este, causante de tantos males y que ha comportado cambios tan drásticos y negativos para países como el nuestro, no deberían caer nunca en el olvido, porque lo sucedido debería hacernos entender los fallos del capitalismo, una filosofía económica que por desgracia se ha impuesto en casi todo el mundo.

El nuevo capitalismo, surgido tras el derrumbe de parte del sistema financiero, se ha reinventado más despiadado y deshumanizado. Los que ostentan el poder económico se han hecho con el control del poder legislativo de la gran mayoría de países y cada día se legisla más en beneficio del capital y en detrimento de los trabajadores.

Día a día vemos como, en países como el nuestro, la en otras épocas floreciente clase media se ha ido empobreciendo por los cada día más bajos salarios, por una desmesuradas cargas fiscales, a lo cual deberíamos unirle el excesivo gastos que representa el pago de la vivienda, el encarecimiento de la cesta de la compra y de algunos servicios, a los que la ley consideraba derechos fundamentales, como la educación  y en algunos casos la sanidad.

¿Y cómo es que la mayor parte de los trabajadores de nuestro país, al igual que otros, han consentido esta merma en sus ingresos y derechos, que les han llevado a unos niveles de empobrecimiento desconocidos para la gran mayoría, sin casi presentar batalla? La respuesta es “a base de miedo y manipulación”.

Cómo quejarse de nuestros bajos salarios cuando nos han hecho creer que somos afortunados por el simple hecho de conservar el trabajo dados los más de seis millones de desempleados que tenemos en España, cómo quejarse si temes que tu empresas pueda estar al borde del cierre, cómo quejarse a título individual si para los empresarios es cada día más fácil despedir a sus trabajadores, cómo plantear una reclamación conjunta si esta sociedad es cada día más individualista y cada día son más las personas que han dejado de creer en los sindicatos como una buena opción para reivindicar el respeto a sus derechos o para pedir mejoras laborales. Y cómo poner nuestra confianza en gobernantes y políticos, como único medio para arreglar los problemas del país, si el tiempo nos viene demostrando que son tan eficientes como poner el cuidado de nuestros bosques en manos de pirómanos.

Es muy triste que el sistema capitalista haya demostrado sus carencias y fallos, causando con ello una hecatombe capaz de condenar a la miseria a millones de personas, y en lugar de causar una revolución social capaz de poner los cimientos que permitiesen crear un sistema más justo y fiable se produzca una revolución del propio capital, que en detrimento de la ciudadanía renace, como el ave fénix, de sus cenizas pero mucho más deshumanizado, y siempre con el beneplácito de nuestros gobernantes más dados a dar su apoyo a los poderosos que a los pobres y necesitados.

 MSNoferini

msnoferini.wordpress.com

Mundo de mierda

¿Qué mueve al ser humano a engañar a sus semejantes y a aprovecharse de estos? Esa es la pregunta que se les debería hacer, principalmente, a todos aquellos que han alcanzado una privilegiada posición social y económica pisando a los demás o quienes ya ocupándola no tienen reparo en aprovecharse de esta en beneficio propio y perjuicio de otros. Con sólo echar un vistazo a nuestra actualidad uno tiene la sensación de que, lejos de disminuir, son cada vez más los casos en que unas privilegiadas minorías viven cada día mejor e incrementan considerablemente su patrimonio, aprovechándose lícita e ilícitamente del resto de la ciudadanía -como podrían ser ese cada día mayor número de políticos inculpados, juzgados y/o condenados por prevaricación, cohecho, corrupción, etc. Personas amorales que no tienen problema en infringir la ley para hacerse con el dinero ajeno o para beneficiar a alguien de su entorno, y sin importarles lo más mínimo las consecuencias que sus actos podrían tener en sus semejantes o para su país.

La larga historia de la humanidad nos demuestra como el hombre siempre ha sido autor de los actos más nobles, como también de los más deleznables. El ser humano es un animal reflexivo, pero esta cualidad analítica que se da en el hombre, por encima de los demás especies, de ninguna manera nos hace mejores al resto del reino animal, ya que mientras el resto de los seres vivos actúan simplemente por instinto el ser humano es plenamente consciente de sus acciones, dada esa cualidad analítica innata. Por lo que al margen de pecar todos en mayor o menor grado de envidia, avaricia o soberbia, el peor pecado es perjudicar con nuestros actos a nuestros semejantes siendo plenamente conscientes de que dichos actos no son correctos.

Leyendo la prensa diaria debería hacernos reflexionar sobre la mierda, y perdón por la expresión, de mundo en el que vivimos. Un mundo donde un 2% de la población podría controlar  el 50% de la riqueza mundial, mientras millones de personas mueren literalmente de hambre cada año; donde los laboratorios farmacéuticos se enriquecen cada día más con la venta de sus fármacos al tiempo que no muestran el menor interés en ayudar a erradicar de los países pobres enfermedades que ya hace tiempo que desaparecieron de los países desarrollados; donde las grandes empresas y corporaciones trasladan la fabricación de sus productos a países pobres para rebajar costes con ello, sin importarles lo más mínimo las condiciones de semiesclavitud en la que trabajan los operarios de esas fábricas; donde la industria armamentística se gasta ingentes cantidades de dinero comerciando con la muerte, sin importarles a ellos ni a los gobiernos de sus países a quien se venden y la cantidad de gente que matan cada año; un mundo donde es más importante invertir el dinero público en ayudar a la banca que en ayudar a las personas; etc.

Este es nuestro país y nuestro mundo, un mundo imperfecto donde nadie da nada por nada, porque en muchas ocasiones incluso detrás de aparentes actos de generosidad de instituciones y corporaciones se pueden esconder intereses tan mezquinos como tener buena prensa o ganar notoriedad y en el caso de iniciativas o actos individuales nos podemos encontrar que, en algunos casos, vengan motivados por un claro deseo de agrandar el propio ego.

A veces pienso que si no sería mejor que algún líder imbécil, como podría ser el norcoreano Kim Jong-un, desencadenase una guerra nuclear y no fuéramos todos a tomar por culo.

MSNoferini.