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Estos pasados días 30 de septiembre y 1 de octubre hemos sido testigos de cómo los antidisturbios de los Mossos de Esquadra se empleaban con algo más de contundencia de la que últimamente nos tenían acostumbrados. ¡Oh, sorpresa! Que tremenda conmoción han tenido muchos/as que pensaban que por el hecho de que los turbios antidisturbios llevaran una senyera en el pecho nunca actuarían contra quienes participaron en los actos conmemorativos de una fecha tan señalada para nosotros los catalanes/as.

Parece mentira que la gente, o parte de ella, no recuerde o poco les importe la actuación que tuvieron los mismos antidisturbios en el desalojo de la Plaça Catalunya durante la acampada del 15M. Ni cómo se emplearon a fondo con aquellos ciudadanos/as que osaron rodear el Parlament para hacerse oír, en el difícil contexto económico y social en el que nos encontrábamos en aquel momento en este país, y que les costó a ocho de ellos una condena de prisión.

Como dice un amigo que vivió en primera persona el desalojo de la Plaça Catalunya: “las hostias no entienden de nacionalidades y quien las recibe siempre es el pueblo”.

El exceso de celo con el que actúan los antidisturbios, sean del cuerpo policial que sean, y la violencia policial no se puede admitir, y mucho menos justificar en función de los intereses del color políticos de quienes dan las órdenes y quienes sean los que reciban los palos. El ex Conseller Felip Puig, miembro del mismo partido del actual gobierno y personaje al que parece querer emular el actual Conseller de Interior, utilizó a los antidisturbios de los Mossos para poner fin a la pacífica acampada que se inició el 15M en la Plaça Catalunya, usando una injustificada y desproporcionada violencia. Sin olvidar los actos que tuvieron lugar el 14 de noviembre del 2012, día de la huelga general, donde fruto de una brutal y arbitraria actuación policial, de la cual nunca se depuraron responsabilidades ni nadie fue condenado, una ciudadana llegó a perder un ojo.

Al final todo se resume en la profunda desvergüenza de nuestros políticos y gobernantes, capaces de utilizar a conveniencia toda la maquinaria represora a su alcance cuando les interesa, pero incapaces de reconocer sus excesos y responsabilidades. Sin olvidar la desmemoria selectiva de gran parte de la ciudadanía.

Como dice el amigo al que ya he hecho referencia: “hemeroteca, hemeroteca, menys hosties i més teca”.

MSNoferini

los turbios antidisturbios

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Hace pocos días se cumplieron siete años de aquel esperanzador y aparentemente lejano 15 de mayo del año 2011. Una fecha que muchos de nosotros/as siempre guardaremos en el recuerdo, como lo puede estar para otras generaciones aquel mítico mayo del 68 francés (del que se acaba de cumplir el 50 aniversario).

El 15M para no pocos supuso un despertar al aletargamiento general; el descubrir que no estábamos solos, pues nuestras inquietudes e indignación ante la complicada situación en la que nos encontrábamos, como consecuencia de unas nefastas políticas, eran compartidas por un gran número de personas; y la ilusión de pensar que ese eslogan tan presente en mis recuerdos de infancia de que “el pueblo unido jamás sería vencido” podía convertirse en una realidad y que ya nadie podría frenar los cambios que supuestamente estaban por venir.

Pero a pesar del grato recuerdo que tengo del 15M, y de mi 15M personal, no puedo olvidar que pocos meses después de esos hechos el Partido Popular se hizo con el Gobierno (20N) y sus políticas dejaron de ser nefastas para rozar la criminalidad, y es por ello que mi esperanza, como la de tantas otras personas, se vio truncada y que desde entonces me lleva a preguntarme de manera reiterada: ¿qué se consiguió y qué queda de esa movilización?

Si volvemos la vista atrás recordaremos algunas de las reivindicaciones que se plantearon en buena parte de las asambleas hechas en las plazas de nuestras ciudades y pueblos: cambio en la Ley electoral, democracia participativa, derecho a una vivienda digna y dación en pago, sanidad pública gratuita y universal, pensiones dignas y poner fin a los cambios impuestos desde el Pacto de Toledo, un pacto educativo y educación pública de calidad, reforma fiscal, eliminación de los privilegios de la clase política, verdadera regularización de las condiciones laborales y poner solución desempleo juvenil, listas libres de imputados, transparencia de las cuentas y en la financiación de los partidos, aconfesionalidad del estado y desvinculación entre Iglesia y Estado, cierre de las nucleares y promoción de las renovables, recuperación de las empresas públicas privatizadas, etcétera.

Muchas reivindicaciones y pocos logros, pues desgraciadamente ninguna de ellas ha obtenido una solución satisfactoria. Pero no es menos cierto, mirándolo con optimismo, que no todo era propuestas concretas que llevaran implícito un cambio legislativo, ya que había muchas otras propuestas que consistían en un cambio ajeno al poder y que debía nacer de la instrospección propia de cada uno de nosotros. Con el 15M se puso de manifiesto la necesidad de una mayor implicación de la ciudadanía en forma de activismo, la necesidad de someter al poder a un control exhaustivo y de empezar a cuestionar la información que recibíamos por los canales oficiales y en manos de ciertos intereses ajenos a los del pueblo. Y es por ello que si hemos de buscar el éxito del 15M entiendo que lo encontraremos en: comenzar a poner en duda las versiones oficiales y las mentiras del poder, tirar por tierra el argumentario de repartir responsabilidades de crisis y problemas, fin del bipartidismo, nuevas plataformas municipalistas, visualización desahucios, desculpabilizar a la ciudadanía y poner el ojo en los bancos y sus cláusulas abusivas, participación ciudadana, comenzar a poner bajo vigilancia ciudadana al poder, y algo tan importante como un más que necesario auge del feminismo.

Y son estos importantes logros, aunque desgraciadamente aún no hemos sido capaces de echar de las instituciones políticas a esa “casta” al servicio de tan poderosos amos, lo que nos queda de ese 15 de mayo y el motivo por el cual esta fecha seguirá siendo recordada y venerada por muchos y muchas de nosotras. Aunque tampoco quisiera olvidarme de hacer referencia a todas y todos aquellos que se subieron al carro del 15M y presumen de su participación en el mismo desde las plazas de sus ciudades y pueblos, y que de ser cierto faltarían plazas y calles para dar cabida a tanta gente. Sin olvidar a todos esos movimientos sociales y a algún partido que abusan en exceso a la hora de atribuirse la representatividad de aquel movimiento espontáneo y apartidista.

Otra mención que no quisiera dejar de hacer sería en referencia a los partidos, medios y personas que viendo peligrar sus intereses y el status quo criminalizaron el 15M y a quienes participaron de aquellos hechos y otros tantos que les siguieron, como podría ser el caso del nuevo president de la Generalitat, el señor Torra, el cual escribió en su día: “esta panda de memos de los indignados nos lleva directamente al quinto mundo. Y lamento ser tan bestia pero no hay tiempo para matices. No hay tiempo para decir que hay ideas muy bellas tras el 15M”.

MSNoferini

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