Archivos para noviembre, 2017

Declaración Susana Díaz

Recientemente la Presidenta de Andalucía hizo unas significativas declaraciones durante el debate del estado de su comunidad, que reproduzco en el texto anexo (aparecido en el diario El Mundo), que dicen mucho de lo que piensa y poco de su talante democrático, al decir abiertamente y sin rubor alguno que está “absolutamente en contra del derecho a decidir”. A estas alturas no creo necesario ir repitiendo, como si de un mantra se tratara, cual es mi ideal de país, lo que sí que importa es que nadie que se las quiera dar de demócrata puede negar al pueblo el derecho a decidir en referéndum su futuro, o consentir que se le niegue y reprima por intentarlo.

Lamentablemente la señora Díaz no tuvo bastante con mostrarse totalmente contraria con el derecho a decidir que tuvo que añadir otro desafortunado comentario que ya hace tiempo que venimos leyendo y oyendo, y que no tiene sentido alguno:“las cosas que afectan al conjunto de los españoles las decidimos todos los españoles”.

Es fácil entender el miedo que puede representar en aquellas comunidades que reciben más de lo que aportan que se pudiera producir la independencia de aquellas otras comunidades más ricas, pero lo que no tiene sentido es defender lo indefendible, desvirtuando a la propia democracia, pretendiendo que en un tema del calado de la emancipación de un territorio del conjunto del estado tengan que ser votado y decidido por toda la ciudadanía del estado.

Según las tesis que defiende gente tan demócrata como la señora Díaz: ¿cómo puede ser que el Reino Unido y Canadá no sometieran a votación los referéndums de independencia de Escocia y el Quebec entre la totalidad de ciudadanos de sus respectivos países? ¿Fueron tontos o tal vez demostraron un talante democrático del que pudieran carecer el gobierno de este país y una buena parte de los políticos españoles?

Seamos coherentes y demócratas, nos gusten más o nos gusten menos las pretensiones y anhelos de parte de los catalanes. Recapacitemos un momento, y para ello muchas veces para no emitir un juicio contaminado por la propia opinión sobre un caso específico, en este caso la realización de un referéndum de autodeterminación en Catalunya, es mejor descontextualizarlo o buscar un ejemplo que permita a otras personas verlo desde una perspectiva diferente, y es por ello voy a poner un ejemplo real.

Imaginemos cinco comunidades de propietarios situadas en una misma plaza. Cinco fincas construidas por el mismo constructor, con una media de unos quince propietarios por finca, las cuales tenían como administrador de fincas al mismo despacho de abogados, administrador que en el momento de su elección pactó un precio especial por llevar la representación legal de todas las comunidades (sin estar mancomunadas o existir acuerdo alguno al respecto). Ahora imaginemos algo tan sencillo como que los propietarios de una de esas cinco fincas decidan reunirse en asamblea ordinaria o extraordinaria con un punto en la orden del día consistente en someter a votación la continuidad de ese administrador y la posible contratación de otro diferente. ¿Tendría lógica que los propietarios de las otras fincas quisieran exigir que dicha votación fuera sometida a todo el conjunto de los propietarios colindantes bajo el pretexto de que les puede perjudicar económicamente? Por lo tanto qué sentido tiene pedir que un extremeño o una canaria puedan votar, si se da el caso, en un referéndum sobre la posible independencia de Catalunya.

Como siempre una buena parte de los políticos electos se olvidan de quienes son y los valores democráticos que representan y deben defender, dedicándose a emitir juicios totalmente parciales que desgraciadamente pueden influir en una buena parte de la ciudadanía. El derecho a decidir en referéndum por parte de los ciudadanos/as de Catalunya, como podría darse en Andalucía, es un derecho inalienable que en este caso sólo puede recaer en el pueblo catalán y pretender que, si llegado el caso se permitiera hacer, voten todos y cada uno de los españoles con derecho a voto sería un sinsentido con un claro objetivo de manipular el resultado de esa votación, algo que en Canadá y el Reino Unido no se hizo, aceptando como países demócratas que son lo que pudieran decidir los ciudadanos del Quebec y Escocia, y quizás por esa razón ganó el NO a la independencia.

MSNoferini

susana-diaz

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Intervención cuentas ayuntamiento Madrid

Hoy hemos tenido conocimiento que el Ministerio de Hacienda ha intervenido las cuentas del Ayuntamiento de Madrid, bajo el pretexto de no cumplir con la Ley de Estabilidad Presupuestaria. El Gobierno tiene la desfachatez de intervenir las cuentas de un ayuntamiento cuya deuda fue heredada de los dos gobiernos municipales del PP, anteriores a la llegada de Carmena. Según publicaba el diario ABC, en marzo de este año, “Madrid multiplicó su deuda por siete durante los mandatos de Gallardón y Botella”. La deuda heredada del consistorio madrileño sobrepasaría los 4.500 millones de euros (www.elmundo.es/la-herencia-Ana-Botella), sin olvidar los muchos proyectos urbanísticos inconclusos con los que se encontró Ahora Madrid y la perdida de importantes activos, como fue la venta por parte de la alcadesa Botella de 1.860 viviendas sociales a fondos buitres por debajo de su valor contable (www.20minutos.es/venta-viviendas-sociales-fondos-buitre/), o los 16 millones que Gallardón y Botella “regalaron” a subcontratas por un software que no se hizo (www.publico.es/gallardon-botella-regalaron-16-millones).

Pero para acabar de rematar la desfachatez del Gobierno del Partido Popular hoy también hemos conocido que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha confirmado la nulidad, tras haberlo hecho en primera instancia el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 9 de Madrid, del acuerdo plenario por el que se aprobaba una comisión de investigación para analizar la gestión del PP en los últimos doce años de Gobierno en el Ayuntamiento de Madrid, con Alberto Ruiz-Gallardón y Ana Botella al frente (www.madridiario.es/tsjm-anula-comision-investigacion-gallardon-botella). El poder judicial al servicio del poder ejecutivo o del partido que lo controla.

¿Alguien en su sano juicio sigue pensando que esto es una democracia?

Gallardón Botella

Días convulsos los que estamos viviendo en el país de la piel de toro, especialmente en esa especie de aldea gala situada al nordeste del país llamada Catalunya. La desobediencia a las leyes de un país, por no contemplar el legítimo derecho de un pueblo a poder decidir cómo ha de ser su futuro, y el querer emanciparse con el apoyo de ese 37% del censo electoral catalán que participó en 1-O (algo poco factible sin contar con el apoyo o permiso de los grandes poderes económicos que mueven este mundo), nos ha llevado a un conflicto de difícil solución y del que a corto y medio plazo seguramente todos saldremos perjudicados.

En este pulso Catalunya-España, que algunos entienden como revolución (de concepción mayoritariamente burguesa), hemos llegado a un punto demencial de difícil solución. Muchas promesas difíciles de cumplir, mentiras, poca voluntad de dialogo, manipulación y represión. Un cóctel explosivo, que a estas alturas será difícil de desactivar.

Con todo este proceso o “procés” se ha podido constatar, algo que quizás muchos ya teníamos muy claro, la baja talla moral de buena parte de nuestros/as políticos/as y su poderoso entorno. Lamentablemente los partidos y la mayor parte de los políticos, sobre todo aquellos/as que tocan poder, no siempre trabajan y funcionan en base a las necesidades reales del pueblo (estímulos), sino que en no pocas ocasiones son ellos los que irradian ciertos estímulos o inputs, transmitiéndolos de manera directa o por los canales distorsionadores habituales (medios de comunicación), para convertirlos de manera asistida en la respuesta deseada por ellos (reivindicaciones), lo que al final acaba convirtiendo a esta respuesta en el resultado de imponer su credo, sus intereses y llevarnos hacia donde a ellos les pudiera interesar. Siendo lo que está ocurriendo estos días en Catalunya y la respuesta del estado un claro ejemplo de ello.

La mayoría de quienes hemos nacido y habitamos en países supuestamente desarrollados y democráticos hemos crecido dando por buenos ciertos principios e ideales, tenemos unas necesidades muy similares, compartimos los mismos deseos y ambiciones, y estamos mayoritariamente igual de aburguesados y aborregados.

Vivimos en países donde se ha potenciado el individualismo sobre lo colectivo, y la competitividad por encima de la solidaridad. Donde se nos ha inculcado el culto al dinero, a los bienes materiales, y que dinero y bienes materiales nos harán pertenecer a una clase social o a otra, como una extrapolación de la idea de castas. Países donde en algunos casos se ha hecho especial hincapié en remarcar los nexos comunes de unas determinadas comunidades, a pesar de pudieran existir “hechos diferenciales”, culturales y lingüísticos; o por el contrario se ha despreciado la pluralidad y la diferencia para intentar imponer una falsa idea de uniformidad. Al final, por mucho que algunos/as quieran negarlo, somos el resultado del permanente adoctrinamiento al que somos sometidos desde el día en que nacemos. Y es por todas estas causas expuestas que entiendo que al final buena parte de los ciudadanos de este mundo formamos un grupo más homogéneos de lo que podamos pensar, y simplemente existen pequeñas variaciones identitarias que vienen decididas por el simple hecho de haber nacido, haberse criado o haber vivido en un determinado punto geográfico o cien kilómetros más al sur, norte, este u oeste, y de los intereses que rigen o de quienes rigen ese territorio.

Mi conclusión es que el libre albedrío al final es todo menos libre, y el albedrío, esa supuesta elección consciente y reflexionada, en no pocas ocasiones poco tiene de reflexionada y de serlo se hace en base a unos preceptos ideológicos que nunca son innatos y sí inculcados por el entorno en el crecemos y nos desarrollamos. Al final el punto geográfico donde nacemos y vivimos, el entorno familiar y social que nos rodea, la educación y formación que recibimos, los estímulos a los que somos sometidos y nuestra condición social acabarán haciendo de nosotros, para bien o para mal, lo que somos, y lamentablemente a día de hoy buena parte de todas estas variables difícilmente pueden ser controladas.

MSNoferini

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