Reflexiones y dudas sobre “el procés”

Publicado: septiembre 10, 2017 en Uncategorized
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Con lo tranquilo que estaba yo estas pasadas vacaciones lejos del mundanal ruido perdido en un pequeño y maravilloso pueblo en los límites provinciales de Teruel y Castellón, donde suelo pasar mis vacaciones, sin tener acceso a la prensa o redes sociales. Pero desgraciadamente como proletario que soy tenía que volver a la rutina diaria, a tomar consciencia de la cruda y triste realidad de este injusto mundo en el que vivimos y al bombardeo constante de información y manipulación a través de los medios. Y cuando vives en Catalunya, concretamente en una importante ciudad de la Catalunya central, y más en los tiempos que corren, es evidente que el tema predominante en medios y en las conversaciones de mi entorno, del que difícilmente es posible abstraerse, es el de “el procés” y el derecho a decidir.

Creo que a estas alturas la mayoría de quienes me conocéis o habéis perdido algo de vuestro tiempo en leerme sabréis o imaginaréis cuales son mis ideales y con ello a que soy totalmente favorable a la que considero como la principal manifestación de lo que debería ser una democracia, el derecho a decidirlo todo sin tener que depender y/o someterse a la voluntad de otros, por mucho que estos sean representantes electos democráticamente.

En los tiempos que corren cada vez somos más los que no confiamos en exceso en los Gobiernos y las supuestas cámaras de representación de la voluntad popular, ya que para poder vistas cumplidas nuestras expectativas primero deberíamos vivir en una plena democracia donde los intereses de unos pocos poderosos no estuvieran por encima del resto y donde los gobernantes no fueran un apéndice de ese poder. O eso o tener la suerte de contar con un partido que se amoldase a la perfección a nuestros ideales políticos y pudiera ser la fuerza más votada, y con ello poder hacerse con el gobierno y una amplia representación parlamentaria. Pero desgraciadamente la experiencia nos ha acabado demostrando que los pobres y el proletariado pocos motivos tenemos para confiar en gobiernos, así como en los partidos políticos y en quienes están al frente de ellos, pues una cosa son las promesas electorales y otra bien diferente lo que hacen y cumplen cuando llegan al poder.

Con lo expuesto, a pesar de mi descontento y pesimismo hacia lo que es la política, sería lógico pensar que como catalán y persona que se considera demócrata y progresista debería estar totalmente a favor de lo que se ha venido a llamar “el procés”, y del referéndum que este próximo 1 de Octubre debería llevar a los catalanes a decidir su unidad o emancipación del estado español, pero lo cierto es que a medida que se acerca la fecha y veo el circo que se ha montado las dudas que tengo, sobre si le doy mi apoyo y acudo a votar, son mayores.

Es curioso ver como algunas personas de principios a mi entender arcaicos, aburguesados y no en pocos casos fruto del aborregamiento mediático tienen la idea preconcebida que todos aquellos/as quienes nos situamos a la izquierda de la izquierda del espectro político en mi caso por convicción e ideales nacidos de mis antecedentes familiares, educación y coherencia con mi propia condición socio-económica somos radicales y poco democráticos, algo bastante alejado de la realidad. El tiempo me ha permitido conocer a no pocas personas que se definían ideológicamente como comunistas y libertarios, las personas más demócratas con las que me he podido encontrar, pues en su idea sobre lo que debería ser el “gobierno del pueblo” y la plena participación de la ciudadanía en la toma de decisiones se halla la esencia de eso que vinimos a llamar democracia. Y es este concepto de democracia que tengo tan asumido, donde todos/as y cada uno/a de nosotros/as al margen de tener la posibilidad de participar en la toma de decisiones deberíamos respetar al máximo y reconocer los derechos y los espacios de las minorías, que me llevan entre otros motivos a sentir auténtico asco por Gobiernos y parlamentos como el español y catalán y su desprecio a las minorías, no siempre tan minoritarias aritméticamente, y la imposición de las mayorías parlamentarias a la manera de una apisonadora, siendo esta la principal causa que me lleva a querer desentenderme de todo esto que en Catalunya llamamos “procés”.

Hace ya algún tiempo leí una frase que decía algo así como que “la democracia es el sistema de gobierno en que la mayoría da voz y reconoce los derechos de las minorías” en algunos casos porque quizás llegue el día que esas minorías sean muy poderosas o puedan convertirse en las mayorías del futuro o por ser una sociedad sana con un acertado concepto sobre lo que debe representar la democracia.

No son pocos los amigos y amigas independentistas, a los cuales respeto mucho pues aún no compartiendo el sentimiento de nación catalana que ellos defienden compartimos muchos ideales, que tratan de convencerme de que no les falle el próximo 1 de octubre y vaya a votar, e incluso un gran amigo y algunos conocidos con una ideología enmarcada dentro de esa corriente denominada anticapitalista han intentado hacerme ver la importancia de ir a votar e incluso de la posibilidad de votar que SÍ a la independencia como una forma de intentar crear una fractura en el muro del antidemocrático neoliberalismo que controla el Gobierno y las instituciones del estado. Algunas personas que no son independentistas y ni siquiera catalanas ven en el referéndum de autodeterminación que debería celebrarse este cercano 1 de octubre una posibilidad de dañar a la todopoderosa derecha española, y se creen tan buenos estrategas como para arriesgarse a jugar esa carta. Un argumento que, por mucha manía que le tenga a los antidemocráticos imposicionistas del corrupto Partido Popular y a ese lerdo que tenemos por presidente, no me convence al tener muy presente que tras el proceso se halla un partido tan asqueroso o más que el PP y tan corrupto como él, la burguesa y neoliberal derecha convergent. Sin olvidar la manipulación constante a la que la derecha catalana ha sumido durante décadas, igual que la española, a los ciudadanos de esta tierra o país y su deseo, con el beneplácito de alguna formación de izquierdas, de querer imponer unos resultados favorables a sus intereses aunque estos nos vengan respaldados por la mitad más uno del censo electoral. No olvidemos que la última encuesta hecha pública por la propia Generalitat cuantificaba en un 41% los catalanes favorables al Sí. Hay una frase que se le atribuye a quien fuera uno de los primeros presidente de los EE.UU y uno de los redactores de la Declaración de Independencia, Thomas Jefferson, que dice: “La democracia no es más que el gobierno de las masas, donde un 51% de la gente puede lanzar por la borda los derechos del otro 49%”.

No me convence “el procés”, no me gustan los dos principales partidos que están tras él, no me gusta el espectáculo bochornoso que se vio en el Parlament los días que se presentó y aprobó en tiempo récord las leyes del Referéndum y de transitoriedad, no me gusta que se imponga el resultado que a algunos les interese por pocos que sean los votos que se depositen en las urnas; pero tampoco me gusta que el estado español coarte las libertades de los catalanes y nuestro derecho a decidir nuestro futuro, me horroriza que durante todo el tiempo que se lleva gestando todo este proceso que culminará o no este próximo 1 de octubre el antidemocrático partido que gobierna el estado no haya tenido voluntad alguna de negociar y poner alternativas sobre la mesa, no me gusta nada que se persiga a quienes pudieran estar confeccionando las papeletas que se deberían utilizar el día de la votación o se intenten secuestrar urnas y al mismo tiempo no se persiga con igual dureza a los corruptos. Son tantas las cosas que no me gustan que a día de hoy puedo decir que apoyo el derecho a decidir, aunque no me guste este proceso sin garantías, pero estoy en un mar de dudas si vale la pena hacer acto de presencia en el colegio electoral que me toque y votar.

MSNoferini

Explosión parlamento británico

No se me ocurre mejor fotografía para ilustrar la reflexión que comparto en esta entrada de mi blog sobre gobiernos y parlamentos que una de las secuencias finales de la adaptación de V de Vendetta donde se vuela el parlamento británico.

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