Economía del bien común

Publicado: noviembre 10, 2016 en Uncategorized
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Recuerdo como en uno de mis primeros trabajos me sorprendió que la dueña de las dos perfumerías en las que mi padre y yo estábamos trabajando en su decoración hubiera decidido montarlas en dos locales situados a muy pocos metros de otras perfumerías. Preguntada por mí al respecto, de qué le llevaba a elegir esos locales tan cercanos a tiendas del mismo sector al de su negocio, no viéndole la lógica, su respuesta fue la siguiente: ¡por qué arriesgarme a montarla donde no sé si tendré clientes cuando abriéndola aquí sé, gracias a esa perfumería, que tendré muchos potenciales clientes y encima yo cuento con la ventaja de poder ofrecer mejores precios que la competencia al comprar al por mayor!

En pocas palabras a la propietaria de las perfumerías le importaba muy poco hundir a la competencia, pues lo que le interesaba era hacerse con sus clientes, y este ejemplo ilustra a la perfección lo que es, o en lo que se ha convertido, la economía capitalista o de mercado, una forma de entender la economía de una manera egoísta y despiadada donde el fin, ganar dinero, justifica los medios.

En el momento de escribir este artículo o reflexión estoy leyéndome el libro de Christian Felber, “La economía del bien común”. Un interesante y muy recomendable ensayo, de fácil lectura para todos aquellos que tenemos escasos conocimientos en economía, que viene a plantearnos una forma de economía diferente a la actual “economía de mercado o libre mercado”, donde la búsqueda de beneficios no sea el fin, y los medios para conseguirlo no sean potenciando un deshumanizado individualismo competitivo capaz de despertar nuestros más bajos instintos, como serían la avaricia, el egoísmo o la envidia. La economía del bien común es algo tan sencillo como una forma de economía con valores, un sistema económico que se rigiera por los mismos valores que rigen o deberían regir nuestras relaciones: respeto, confianza, honestidad, empatía, solidaridad, cooperación, etc.

¿No sería hora de que el objetivo de la economía no fuera simplemente ganar dinero? ¿No sería lógico que al margen de medir el PIB y los balances económicos se empezase a medir los índices de satisfacción de los ciudadanos con sus vidas, los servicios públicos o con su trabajo, y fueran estos índices de igual importancia a la hora de planificar gastos y marcar la línea política de los diferentes gobiernos? Y a nivel empresarial lo mismo: ¿no se debería exigir que las empresas se preocuparan de pensar en “el bien común” de sus proveedores, trabajadores, destinatarios de los productos o servicios que producen o comercializan, así como ser lo más respetuosos posibles con el medio ambiente? ¿No se debería exigir que toda empresa pensara en la dignidad de sus trabajadores, asegurándoles las mejores condiciones laborales, evitando todo tipo de discriminación, buscando la cooperación y la solidaridad?

Hemos llegado a un punto de tal degradación del sistema económico capitalista, que se está perdiendo de vista que la economía no es más que una ciencia cuya finalidad debería ser estar al servicio de la ciudadanía, esas mismas personas que votan a los políticos que deberían encargarse de promover y hacer cumplir unas leyes con las que asegurar su bienestar. No considero admisible que exista una ciencia o disciplina académica que adoctrine para perpetuar un sistema tan socialmente injusto. No puede haber ciencia alguna (política, económica, empresarial) que no trabaje en el beneficio global de las personas y olvide o deje de lado unos valores universales (igualdad, fraternidad, solidaridad, cooperación, etc.) contemplados en la legislación de la mayoría de países, a través de sus constituciones, y en la declaración universal de los derechos humanos.

¿Cómo permitimos que a nuestros hijos se les vayan inculcando desde la más tierna infancia unos contravalores, como la competitividad, la individualidad o el materialismo destinados a crear desigualdad y pueden poner en riesgo su futuro o hacer de ellos unas personas infelices?

La economía del bien común no vendría a poner fin a lo que conocemos como economía de libre mercado, simplemente vendría a humanizarla dotándola de unos valores con los que desgraciadamente no cuenta; y lo curioso del caso es, si nos atenemos a lo que explica Christian Felber en su libro, que no existe economista que pueda demostrar empíricamente que la economía capitalista basada en la competitividad sea el sistema económico mejor y más eficaz. No son pocos los estudios realizados en diversas disciplinas científicas, como podría ser la psicología social, que demuestran que por encima de la competitividad el método más eficaz para motivarnos no es otro que la cooperación.

MSNoferini

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A día de hoy la economía del bien común no es ninguna utopía sino una realidad que día a día va ganando apoyos, y no son pocos los países de Europa con cientos de empresas vinculadas al proyecto.

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