Archivos para noviembre, 2016

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Hacía tiempo que no leía un artículo tan estúpido, mal intencionado y provocador como el que me encontré ayer en el diario económico Expansión, y el cual adjunto a este escrito.

Bajo el título “Un riesgo para 3,6 millones de empleos” el autor del artículo, del que ni siquiera vale la pena mencionar su nombre, desgrana lo que para él ocurriría si se aceptara llevar a la práctica la iniciativa aprobada este pasado martes por el parlamento, a propuesta del grupo Unidos Podemos, de subir en los cuatro próximos años el Salario Mínimo Interprofesional. Para el autor del artículo llevar a cabo esta subida podría significar de inicio poner en riesgo tantos empleos como el mismo enumeraba en el título de su artículo, 3,6 millones; que son, según él,  el número de personas que cobraban menos de 979,52 euros al mes durante el año 2015, una cantidad muy cercana a los 950 Euros propuestos como SMI para el 2020.

Quizás deberíamos comenzar por poner sobre la mesa unos datos más verídicos y objetivos como podrían ser los hechos públicos este miércoles por la Agencia Tributaria, en su estudio titulado “Mercado de Trabajo y Pensiones en las fuentes tributarias”. Según el estudio de la Agencia Tributaria el 34,3% de los asalariados en España (5.960.597 personas) percibió en 2015 unos ingresos salariales iguales o inferiores al Salario Mínimo Interprofesional (648,60). ¿Cómo podemos de inicio tomar en serio el artículo si según unos datos más fiables ya solamente cerca de seis millones de personas cobraron 648 euros al mes o menos y según las fuentes utilizadas por este individuo son menos de 3,6 millones los trabajadores por debajo de los 979,52 euros de salario?

Según el autor del artículo el motivo de coger como referencia ese techo salarial de “979,52 euros al mes en 2015” es por ser “la cifra más cercana al objetivo que se ha marcado en la PNL para 2020”. ¿Cómo puede pretender hacernos comulgar con su tesis, cuando las cifras a comparar vienen separadas por un periodo de cinco años? Algo que ya nos puede poner sobre aviso de la fiabilidad del autor.

Los trabajadores ya comenzamos a estar cansados de tener que ser siempre nosotros los que tengamos que asumir la mayor parte del tan recurrente sacrificio por el bien de la economía y del país. No tienen lógica alguna que grandes y medianas empresas con sus cuentas más que saneadas y que a día de hoy siguen teniendo un balance positivo en cuanto a sus ingresos sigan devaluando salarios y las subidas salariales que aplican por obra y gracia de sus convenios colectivos sigan estando por debajo del IPC, por no mencionar la poca fiabilidad de este indicador económico por su fórmula de cálculo. Por lo tanto decir que subir los salarios mínimos, a unas cantidades que aún nos harían estar en el vagón de cola de la UE en cuanto al SMI, podría ser causa de un cataclismo por ser inasumible por parte de las empresas, y que “los trabajadores quedarían bajo la espada de Damocles, porque su supervivencia dependería de que fueran suficientemente productivos como para compensar los nuevos costes de contratación” me parece de un cinismo y una desfachatez intolerable. En cuanto a decir que “el debate sobre un nivel adecuado para el Salario Mínimo es estéril. Un valor por debajo del precio de mercado lo hace irrelevante, ya que nadie aceptaría un trabajo por ese sueldo…” ya me deja totalmente descolocado porque me parece que estoy leyendo a una persona de otro mundo o que ha vivido ajena a la realidad económica y social de este país. Muy señor mío tal como están las cosas la gente antes de morirse de hambre se está viendo en la obligación de aceptar trabajos que desgraciadamente en algunos casos incluso están por debajo del maldito SMI.

Triste visión de lo que puede significar algo tan necesario para la explotada y humillada clase trabajadora de este país como es subir el Salario Mínimo Interprofesional. Pero si no hubiera tenido bastante el autor del artículo lo remata con el siguiente despropósito, en referencia al sueldo, “…que uno demasiado alto lo convierte en peligroso, porque impide que aquellos que no tienen una productividad suficiente como para cubrir los costes laborales accedan al mercado laboral, impidiendo que adquieran experiencia y mejoren sus capacidades”. Me parece de imbéciles que alguien pueda considerar desorbitado pagar salarios 950 euros por una jornada completa, y más si hablamos del aún lejano año 2020. Desgraciadamente ¿cuántas personas, al igual que este individuo que firma el artículo, serán totalmente contrarias a esta subida del SMI, y rabiarán por considerar “peligroso” pagar esa cantidad mínima “porque impide que aquellos que no tienen una productividad suficientes para cubrir los costes laborales accedan al mercado laboral, impidiendo que adquieran experiencia y mejoren sus capacidades” o lo que es lo mismo rabiarán por tener que pagar esa cantidad mínima a los trabajadores menos cualificados o inexpertos cuando esas cantidades son las que les gustaría poder seguir pagando a los trabajadores más cualificados y productivos?

Concluyendo. Flaco favor hace al neoliberalismo recurrir a ciertas personas para defender sus tesis. Más provecho le hubiera hecho al diario que publicó el artículo dedicar el espacio del mismo a publicidad u otros menesteres. Lo que pone en riesgo los empleos no es tener un sueldos mínimos algo menos indigno de los que hemos tenido hasta ahora sino unas nefastas políticas laborales y algunos empresarios más preocupados en los balances y beneficios que en apuntalar bien sus empresas. Y una duda: cuando los movimientos sociales y los partidos a la izquierda del espectro ideológico defienden ciertas políticas y programas en defensa de unos intereses colectivos se les suele tachar de demagógicos, para querer dar entender que sus propuestas y argumentos carecen de rigor. Entonces ¿cómo llamar a quienes defienden ciertas políticas sin poder demostrar como pueden estas repercutir en nuestro beneficio, como sería seguir cobrando un salario de mierda?

MSNoferini

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Recuerdo como en uno de mis primeros trabajos me sorprendió que la dueña de las dos perfumerías en las que mi padre y yo estábamos trabajando en su decoración hubiera decidido montarlas en dos locales situados a muy pocos metros de otras perfumerías. Preguntada por mí al respecto, de qué le llevaba a elegir esos locales tan cercanos a tiendas del mismo sector al de su negocio, no viéndole la lógica, su respuesta fue la siguiente: ¡por qué arriesgarme a montarla donde no sé si tendré clientes cuando abriéndola aquí sé, gracias a esa perfumería, que tendré muchos potenciales clientes y encima yo cuento con la ventaja de poder ofrecer mejores precios que la competencia al comprar al por mayor!

En pocas palabras a la propietaria de las perfumerías le importaba muy poco hundir a la competencia, pues lo que le interesaba era hacerse con sus clientes, y este ejemplo ilustra a la perfección lo que es, o en lo que se ha convertido, la economía capitalista o de mercado, una forma de entender la economía de una manera egoísta y despiadada donde el fin, ganar dinero, justifica los medios.

En el momento de escribir este artículo o reflexión estoy leyéndome el libro de Christian Felber, “La economía del bien común”. Un interesante y muy recomendable ensayo, de fácil lectura para todos aquellos que tenemos escasos conocimientos en economía, que viene a plantearnos una forma de economía diferente a la actual “economía de mercado o libre mercado”, donde la búsqueda de beneficios no sea el fin, y los medios para conseguirlo no sean potenciando un deshumanizado individualismo competitivo capaz de despertar nuestros más bajos instintos, como serían la avaricia, el egoísmo o la envidia. La economía del bien común es algo tan sencillo como una forma de economía con valores, un sistema económico que se rigiera por los mismos valores que rigen o deberían regir nuestras relaciones: respeto, confianza, honestidad, empatía, solidaridad, cooperación, etc.

¿No sería hora de que el objetivo de la economía no fuera simplemente ganar dinero? ¿No sería lógico que al margen de medir el PIB y los balances económicos se empezase a medir los índices de satisfacción de los ciudadanos con sus vidas, los servicios públicos o con su trabajo, y fueran estos índices de igual importancia a la hora de planificar gastos y marcar la línea política de los diferentes gobiernos? Y a nivel empresarial lo mismo: ¿no se debería exigir que las empresas se preocuparan de pensar en “el bien común” de sus proveedores, trabajadores, destinatarios de los productos o servicios que producen o comercializan, así como ser lo más respetuosos posibles con el medio ambiente? ¿No se debería exigir que toda empresa pensara en la dignidad de sus trabajadores, asegurándoles las mejores condiciones laborales, evitando todo tipo de discriminación, buscando la cooperación y la solidaridad?

Hemos llegado a un punto de tal degradación del sistema económico capitalista, que se está perdiendo de vista que la economía no es más que una ciencia cuya finalidad debería ser estar al servicio de la ciudadanía, esas mismas personas que votan a los políticos que deberían encargarse de promover y hacer cumplir unas leyes con las que asegurar su bienestar. No considero admisible que exista una ciencia o disciplina académica que adoctrine para perpetuar un sistema tan socialmente injusto. No puede haber ciencia alguna (política, económica, empresarial) que no trabaje en el beneficio global de las personas y olvide o deje de lado unos valores universales (igualdad, fraternidad, solidaridad, cooperación, etc.) contemplados en la legislación de la mayoría de países, a través de sus constituciones, y en la declaración universal de los derechos humanos.

¿Cómo permitimos que a nuestros hijos se les vayan inculcando desde la más tierna infancia unos contravalores, como la competitividad, la individualidad o el materialismo destinados a crear desigualdad y pueden poner en riesgo su futuro o hacer de ellos unas personas infelices?

La economía del bien común no vendría a poner fin a lo que conocemos como economía de libre mercado, simplemente vendría a humanizarla dotándola de unos valores con los que desgraciadamente no cuenta; y lo curioso del caso es, si nos atenemos a lo que explica Christian Felber en su libro, que no existe economista que pueda demostrar empíricamente que la economía capitalista basada en la competitividad sea el sistema económico mejor y más eficaz. No son pocos los estudios realizados en diversas disciplinas científicas, como podría ser la psicología social, que demuestran que por encima de la competitividad el método más eficaz para motivarnos no es otro que la cooperación.

MSNoferini

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A día de hoy la economía del bien común no es ninguna utopía sino una realidad que día a día va ganando apoyos, y no son pocos los países de Europa con cientos de empresas vinculadas al proyecto.

Definitivamente: ¡lo dejo!

Publicado: noviembre 5, 2016 en Uncategorized
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Definitivamente el mundo de la política no es para mí. Tras abandonar de manera activa mi participación en Podemos; por no estar conforme con la forma en que se gestionaba el Círculo municipal, ni como se gestionaba Podem Catalunya y hacia donde se quiere orientar el futuro del mismo por parte de la mayoría de personas que forma el actual CCC y su Secretario General, ni el ordeno y mando del Consejo Ciudadano Estatal, ni la violación sistemática de los que se suponían que eran nuestros tres pilares básicos y principios que nos hacían diferentes al resto de partidos (plena participación, transparencia y combinar la política institucional con el activismo); ahora tengo el pleno deseo de desvincularme del todo, simplemente seré un votante más o no, todo dependerá si me convencen sus propuestas y las personas que las tengan que defender cuando llegue el momento.

Estoy muy decepcionado. La política está tan degradada que veo francamente difícil poder regenerar algo tan sucio y dónde buena parte traiciona y cambia de ideales con tanta rapidez como quien se cambia de camisa, y cuando quieres hacer ver a los demás la deriva ideológica y el poco respeto a ciertos principios que tienen algunos aun te encuentras con quienes aun justifican esas actitudes.

El ejemplo más claro está en la degradación y traición a ciertos ideales la tenemos en algunos de mis excompañeros de Podem Vic, y hacia donde han llevado el partido en nuestra ciudad. Un grupo reducido de personas –pensar que actualmente el Círculo está participado por un número de personas que oscila entre cinco y ocho- decidió, sin respetar lo que se había decidido en sus propias asambleas, que su confluencia municipal con ICV, “Vic per a tots”, pactara con la derecha Convergent, para de esta manera asegurarle estabilidad –ya que no cuentan con la mayoría en el consistorio-.

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Dos personas, los actuales portavoces de Podem Vic, llevaban tiempo intentando convencer al resto de compañeros de las ventajas de entrar en el equipo de gobierno con Convergència, pero sus intentos de convencer a la mayoría siempre le habían sido infructuosos, lo que al final no ha sido impedimento para que en reunión con los representantes de ICV decidieran aprobar lo que los participantes del Círculo de Podem Vic habían venido rechazando, dar apoyo a Convergència.

De momento el regidor de “Vic per a tots” no se ha atrevido a entrar en el equipo de gobierno, pero sí que se ha cerrado un acuerdo de estabilidad en el que este individuo se compromete a dar apoyo a los nueve regidores de Convergència y uno del PSC, teniendo la puerta abierta a las comisiones donde se ha de decidir la gestión del Ayuntamiento. La contrapartida, la supuesta contrapartida por haber renunciado a los ideales propios, no es otra que la promesa de Convergència de llevar a la práctica algunas de las propuestas de Vic per a tots.

Bajo la excusa de que el consistorio convergent mejorará las políticas sociales y se llevarán a la práctica las propuestas de Vic per a tots se ha traspasado la línea roja de no respetar lo votado por la asamblea de una de las dos partes, la renuncia a unos ideales que son públicos en los compromisos durante la campaña y en el programa electoral, cerrar un acuerdo con quienes se está en las antípodas ideológicas y son corresponsables con sus políticas de parte de los problemas y la miseria que sufren una importante parte de los catalanes.

Algunos compañeros, desde la distancia, me hacían mención de las diferencias entre la política municipal de las pequeñas poblaciones a la que se puede dar en las ciudades y parlamentos, pero no son conscientes de que Vic es una ciudad de más de 42.000 habitantes con un muy importante presupuesto municipal.

No sé si es que soy un idealista, un gilipollas o un poco de ambas cosas, pero lo cierto es que entiendo que el traicionar unos ideales es como el cometer un delito. Desgraciadamente se cometen delitos a diario, entre otros delitos casi cada día se produce uno o más de violencia de género o machista, y verdad que no intentamos justificar los delito de esa naturaleza, ni admitiríamos que alguien nos intentara convencer de que sólo se utilizó la violencia un poquito. O comentes un delito o no lo cometes, y lo mismo entiendo a la hora de venderse, o te vendes o no te vendes. No tiene justificación pactar con la Convergència que se enriquecía con las comisiones mientras los catalanes veían empeorar sus servicios públicos y se iban empobreciendo. No se puede negociar con un partido que en nuestra ciudad negó el empadronamiento a todas aquellas personas extranjeras que no estuvieran en una situación legal, sin importarles que con ello no iban a obtener derecho a la sanidad, a la escolarización de sus hijos o incluso un techo. No se puede dar el poder a aquellos que llevan casi cuarenta años gestionando el ayuntamiento de Vic como si de su cortijo o masía se tratara, otorgando contratos de obra y servicio a dedo a sus familiares.

Pero está claro que el acuerdo echó a andar hace mucho tiempo. Al margen de haberse hecho público a través de los medios que Convergència esperaba convencer al señor Arnau Martí, regidor de ICV-Vic per a tots, para entrar en el equipo de gobierno, -siendo un artículo que escribí para reflejar mi indignación en caso de que se aceptase dicho ofrecimiento lo que me llevó a ser definitivamente defenestrado por algunos de mis excompañeros-, este señor con el apoyo de los dos partidos que forman su candidatura incumplió un mínimo de dos veces el compromiso suscrito durante la campaña electoral, en su punto número diez: «No permetre o evitar en tot el possible la privatització dels serveis públics i de les empreses públiques», al no dar apoyo a la campaña de recuperación la gestión pública del teatro Atlántida y la escuela de música, y votando conjuntamente con Convergència en un pleno la gestión privada de la futura universidad de medicina.

En conclusión creo que ha llegado el momento que me deje de males de cabeza y me olvide de partidos políticos y de sueños imposibles. Seguiré con mis luchas contra el sistema a título personal y estaré encantado de ayudar a quien me necesite, pero ya no aguanto más tanta tontería y falta de valores. De esta aventura me llevo algo muy importante, una decena de grandes amigos, y sólo por eso ya quedan compensados los malos momentos. Hasta siempre.

Marco

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