La historia que nos une

Publicado: septiembre 13, 2014 en Uncategorized
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Hemos sido celtiberos, romanos, visigodos y musulmanes (al margen de las influencias recibidas por parte de otros tantos pueblos que colonizaron y conquistaron ciertas zonas de nuestra geografía); y en diferentes cruzadas parte de nuestros antepasados, con la ayuda de guerreros venidos de otras tierras, consiguieron crear y/o expandir sus reinos y condados del norte de la península masacrando, cristianizando u obligando a abandonar su tierra a la mayoría musulmana (en nombre de no sé qué dios). Y al final se volvió a unir parte de la península ibérica en un único reino cristiano.

Conquistamos lejanas tierras, exterminando en nombre de nuestro dios a parte de los habitantes de dichas tierras; luchamos juntos en estúpidas guerras, luchamos unos contra otros en una guerra fratricida por la estupidez de elegir un rey y nos alzamos en armas contra quienes vinieron a conquistarnos desde el otro lado de los Pirineos.

Compartimos malos reyes y avariciosos gobernantes, luchamos en ultramar, donde fueron muchos los que hicieron fortuna explotando sus tierras y sus habitantes. Descubrimos por las malas que no éramos ninguna potencia perdiendo lo que nos quedaba de nuestras lejanas colonias.

Y entramos en la modernidad y nos rehicimos económicamente con la revolución industrial, gracias al dinero de quienes fueron a hacer las Américas, a una emprendedora burguesía, a la abundante y mísera mano de obra a la que poder explotar y a potenciar ciertas zonas del país.

Tuvimos más reyes despóticos y malos gobernantes, y desgraciadamente militares de alta graduación que sin tierras que conquistar decidieron usar su ímpetu guerrero para usurpar el poder e imponerse a la voluntad popular.

Y no hace mucho tiempo para nuestra desgracia sufrimos algo peor que las siete plagas de Egipto con el golpe de estado de aquel terrorífico personaje que tras una sangrienta guerra civil gobernó este país, casi cuarenta años, de manera más despótica que algunos de los reyes que tuvimos en el pasado. De nuevo se suprimieron y limitaron derechos y libertades, y se potenciaron los valores religiosos y patrios, que llevaron entre otras cosas a incrementar la animadversión hacia dichos valores y sus símbolos entre los vencidos y represaliados.

Pero como no hay mal que cien años dure, o quizás sí, llegó la democracia y con ella los sueños de libertad y justicia. Se aprobó una constitución (una carta magna que ha demostrado ser un caduco y apretado corsé capaz de evitar la modernización de las estructuras del país), se nos volvió a imponer un Rey y se creó el estado de las autonomías, recuperando y creando un elevado número de parlamentos regionales, que mayoritariamente ha servido para dar cabida a un número desproporcionado de políticos parasitarios.

Y llegamos a la actualidad donde los malos gobiernos de este país no han sabido gestionar el territorio que configura el estado español, ni respetar las diferencias y los derechos de parte de esos territorios, lo que ha llevado en ciertas zonas del país al considerable incremento de un nacionalismo centrífugo.

En Catalunya cada día son más, aunque probablemente no lleguen ni a la mitad de los habitantes de esas tierras, las personas que ante la creencia de que España se ha aprovechado de la riqueza de esta parte del estado y no ha sabido respetar su hecho diferencial han apostado por ejercer su derecho a la autodeterminación. Un derecho que por otra parte debería ser totalmente legítimo.

Pero lo que queda claro es que al margen de la lengua son más las cosas que tenemos en común que las que nos diferencian. Hemos compartido cientos de siglos de historia común, aunque muchos prefieran manipularla para ver sólo lo que les interesa. Y las diferencias no deberían ser insalvables si quienes gobiernan España y Catalunya tuvieran una voluntad real de buscar consensos. Pero al final he aquí el problema, los políticos de turno siguen enrocados en sus posturas intransigentes y prefieren crear un conflicto de desconocidas proporciones antes que dar sus brazos a torcer. Dos gobiernos enfrentados por dos formas de nacionalismo que a corto plazo sólo están consiguiendo crear dos bandos cada vez más antagónicos.

MSNoferini

Retrato del General Prim al frente de las tropas en la batalla de Tetuan pintado por el también catalán Sans i Cabot. Cuandro que también ha sido noticia al haberse usado por el consistorio de Reus para ilustrar el cartel del bicentenario del nacimiento del hijo ilustre de su villa, pero eliminando del encuadre la bandera española.

Retrato del General Prim al frente de las tropas en la batalla de Tetuan pintado por el también catalán Sans i Cabot.
Cuandro que también ha sido noticia al haberse usado por el consistorio de Reus para ilustrar el cartel del bicentenario del nacimiento del hijo ilustre de su villa, pero eliminando del encuadre la bandera española.

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