Los políticos ¿servidores públicos o una casta intocable?

Publicado: junio 16, 2014 en Uncategorized

Uno ya comienza a estar cansado de ver como una parte de aquellas personas que un buen día deciden hacer de la política su profesión y tienen la suerte de poder llegar a ocupar un cargo electo crean que esto les otorga el derecho de hacer lo que les place. Sería importante que quienes entran en política no olvidaran nunca, y nosotros tampoco, que de ser elegidos por el pueblo para ocupar cargos en las más altas instancias del país no es para convertirse en dirigentes sino en gestores, unos simples gestores temporales de los bienes públicos y de los deseos de la ciudadanía. Y en este importante matiz quizás radique la diferencia entre ser un simple político o entrar a formar parte de ese clasista y deshumanizado grupo que hemos rebautizado como casta política.

La política es un servicio a la ciudadanía al que, tal como están las cosas y dada la dificultad de poder valorar la honradez futura de quienes opten por dedicarse a esta labor, sólo se deberían dedicar quienes estuviesen dispuestos a someterse a unas estrictas normas y que acreditasen una mayor preparación. Partidos e instituciones deberían tener unas reglas y un código deontológico al que deberían someterse todos aquellos que optasen por dedicarse a la hermosa labor de servir al pueblo a través de la política.

Todos sabemos que quien quiera aspirar a ocupar un puesto de trabajo en la administración pública se ha de someter a complejos procesos de selección y que su trabajo va venir regulado por el estatuto de la función pública. ¿Pero qué méritos acreditan una buena parte de los políticos designados por sus partidos para aspirar u ocupar cargos de relevancia? ¿Cuántos políticos hemos conocido que han acabado ocupando importantes cargos, incluso haciéndose con alguna cartera ministerial, cuya única experiencia laboral demostrable es la de haber entrado en las juventudes de determinado partido, desde donde han trepando hasta colocarse en inmerecidos puesto de gran responsabilidad? ¿Y a qué reglas y sistemas de control están sometidos la mayoría de políticos?

Pero ya no es solamente los múltiples interrogantes que se plantean respecto al por qué son elegidos unos y no otros (aunque muchos tenemos una ligera idea de cuales pueden ser las causas) o porque son muchos los que renuncian sin pudor alguno a sus principios para someterse a los del partido u otros poderes. La pregunta realmente importantes es, por qué el sistema les permite a estos señores entre otras cosas: que prometan y no cumplan, que no se sometan a una estrictas reglas en el desarrollo de su trabajo, la total falta de transparencia que demuestran muchos políticos sobre su patrimonio propio y familiar (al llegar al cargo y al abandonarlo), que se permita el aforamiento de un número excesivamente alto de políticos (un número cercano a los 10.000), que no se les obligue a abandonar los cargos que pudieran ocupar en caso de ser imputados por la justicia, que no se someta su trabajo a la finalización de su periodo de servicio público a una estricta auditoría, la pluriactividad retribuida, el gran número de privilegios que tienen durante el tiempo que ocupan el cargo y cuando lo abandonan,  y por último que se les consienta una vez retirados del mundo de la política el poder entrar en alguna de las grandes empresas que financiaron su propio partido, las mismas empresas que en algunos casos pudieron ser beneficiadas en importantes concursos públicos por el partido en el que militaba el político de turno.

Y si el sistema y/o la legislación les consiente a los políticos todo un sinfín de privilegios entonces nos deberíamos preguntar: ¿por qué les consentimos sin apenas quejarnos que unos pocos hagan lo que les plazca una vez llegan al poder? ¿Por qué existe un buen número de ciudadanos que sigue votando a los mismos opacos partidos plagados de corruptos y a lo que podemos corresponsabilizar de nuestra difícil situación en la que vivimos? ¿Y por qué si la democracia es, hipotéticamente, el gobierno del pueblo no se tiene en cuenta por parte de los políticos al frente del gobierno la voluntad del pueblo (tal como ha quedado de manifiesto en el acuerdo entre los que todavía son los partidos mayoritarios en el control de las cámaras a la hora de blindar la sucesión de la corona, sin tener en cuenta esa manifiesta mayoría que desearía poder votar o refrendar la continuidad o no de la institución de la monarquía)?

Muchas preguntas a las que nosotros, la ciudadanía, los votantes, le deberíamos dar respuesta, una contundente respuesta que nos permita encarar el futuro con esperanza dando nuevas soluciones a los viejos problemas. Soluciones que sólo se podrán dar si una amplia mayoría aunamos esfuerzos en una misma dirección, comenzando por intentar devolverle a la palabra democracia su verdadero significado y acabar de una vez por todas con los privilegios de quienes no los merecen.

MSNoferini

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