La falacia de las clases sociales

Publicado: marzo 15, 2014 en Uncategorized
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Piramide social

¿Existen las clases sociales?

Estoy seguro que si antes de la crisis se hubiera formulado esta pregunta a cualquier persona de nuestro país hubiera contestado sin pensárselo “sí”. Y si le hubiéramos preguntado, ¿cuántas clases sociales existen en nuestro país?, seguramente casi todos nos habríamos inclinado por decir tres (clase alta, clase media y clase baja) , y es más que probable que algunos hubieran contestado de que dentro de cada grupo podían existir diversos subniveles, ya que al inculcarnos la idea de clases sociales a la gran mayoría se nos hizo creer que éramos afortunados pues estábamos situados en el centro justo  y que entre nivel y nivel habían unos cuantos escalones más (lo que nos colocaba en la clase media-media), y que en función de nuestro esfuerzo podíamos subir o bajar.

¿Pero realmente existen la clases sociales?

Tengo el recuerdo que cuando estudiaba la asignatura de antropología se nos decía que la idea de clase social no era una idea universal, ya que ni siquiera en todas las sociedades industrializadas de los países más desarrollados se tenía la misma concepción de clase social, pues a diferencia de los países en los que se inculca a sus ciudadanos desde pequeños la idea de pertenecer a una casta y por ello tener unos determinados códigos de conducta y relación con los demás grupos en función del escalafón en el que pudieran estar situados, la idea de clase social es algo más subjetivo y estrechamente relacionado con el poder adquisitivo de cada uno.

En la época en la que parecía que España era la tierra de las  oportunidades  -donde el más tonto podía encontrar un trabajo bien retribuido en el sector de la construcción o de la noche a la mañana podía montarse una prospera empresa en el mismo sector, y con ello, y la ayuda de los caritativos bancos, permitirse la compra de una fastuosa vivienda, un excelente coche y caprichos varios- la idea de clase social y de vivir en una sociedad justa, donde cualquier hijo de vecino podía ascender fácilmente en el escalafón social, era como un credo al que nadie o casi nadie cuestionaba.

Pero llegó esta crisis o estafa en la que continuamos inmersos y donde la mayoría de la ciudadanía malvive como puede y son muchos lo han perdido todo o casi todo y unos pocos aun se han hecho más ricos. Y no nos olvidemos de todos aquellos trabajadores o jubilados que a base de esfuerzo logró ahorrar una cantidad nada despreciable de dinero, y que en algunos casos les llevaron a creer de tener un estatus social diferente del que habían ocupado unos años antes, pero engañados por determinadas entidades financieras, con las famosas participaciones preferentes, vieron desaparecer sus ahorros o se les imposibilitó acceder a ellos, cosa que no les ocurrió a las grandes fortunas de esta país.

Porque pensémoslo con detenimiento ¿realmente tener unos cientos de euros más o un puesto de trabajo mejor retribuido nos pone en un escalafón social diferente? ¿a caso no somos la gran mayoría meros trabajadores, asalariados o autónomos, con unas obligaciones laborales que de no cumplirlas nos podría llevar a perder nuestro puesto de trabajo y quizás con ello hacernos perderlo todo incluida nuestra posición social? ¿el habito hace al monje, y más si ese hábito es prestado?

Abramos los ojos y seamos plenamente consciente de que existe una clase proletaria o de simples herramientas humanas del proceso productivo y una clase dirigente con el suficiente poder como para controlar al resto, una clase dominante que no necesita realizar un trabajo diario para garantizarse la supervivencia. Un grupo de personas con tanto poder como para hacernos creer la falacia de que trabajando podemos aspirar a entrar en nuevo nicho social mejor que el ocupado por nuestro entorno o el que pudieron ocupar nuestros padres, cuando la realidad es que a lo máximo que podemos aspirar con una mejor retribución fruto de nuestro esfuerzo es a tener más bienes materiales, capaces de darnos un adictivo efecto placebo capaz de hacernos creer de ser lo que no somos, pero que la mismo tiempo nos hace esclavos del sistema.

MSNoferini

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