Populismo versus Popularismo (artículo publicado el 8/03/2013)

Publicado: marzo 7, 2013 en Uncategorized

Es curioso ver como el tiempo y, en algunas ocasiones, los intereses de algunos grupos de poder pueden comportar un cambio en la semántica para conseguir darle la vuelta a un término o palabra, y siempre buscando con ello un vocablo sencillo con el que poder etiquetar algo.
Todo este planteamiento viene dado por la acepción que, en la actualidad, se le da a una palabra que, según parece, ni siquiera es contemplada por el Diccionario de la Real Academia Española de la lengua como tal. La palabra en cuestión es “populismo”.
¿Qué es el populismo? Buscando dicho término por internet encontraremos diversas explicaciones, pero mayoritariamente hacen referencia a un término de uso político, peyorativo en muchos casos, que se usa para designar esos movimientos heterogéneos que se caracterizan por su aversión a las élites económicas, a las instituciones e ideologías, y con una clara tendencia a apelar al pueblo como principal o única fuente de poder. Las personas o movimientos catalogables como populistas serían aquellos que surgirían del pueblo de manera más o menos espontánea y con la supuesta finalidad de velar por el bien de este.
Si tuviésemos que volver la vista atrás a fin de identificar movimientos y personajes catalogables como populistas, con la acepción que le damos actualmente, encontraríamos un gran número de ellos: desde la antigua Roma (César, y los apoyos conseguidos entre las clases populares que llevaron al final de la república podría ser un ejemplo de la época), la revolución Norte Americana y sus llamados padres de la patria, los movimientos anticolonialistas en América (con personajes de la talla de Simón Bolivar), la revolución francesa, los movimientos subversivos contrarios a la ocupación de Italia que llevaron a su unidad (con Garibaldi al frente de las camisas rojas), la revolución Rusa y por desgracia también podríamos considerar como populistas las ideologías nacional socialistas así como el fascismo.
Con las referencias dadas podemos hacernos una idea sobre lo que pueden representar los movimientos populares y sus diferentes logros, así como los males y perjuicios, obtenidos a través de ellos a lo largo de las diferentes épocas. Está claro que no todos buscaron ni consiguieron una mejora de las condiciones de vida de sus países, ni de los que dieron su apoyo al movimiento. Como también queda claro que en algunas ocasiones se manipuló al pueblo –manipulación a la que igualmente puede verse sometido en democracia- ocasionando desastres y guerras fraticidas. Pero no debemos olvidar todo lo bueno que aportó el germen del populismo en algunas revoluciones, que permitieron librarse de un yugo opresor o para poder tener un sistema democrático.
El nexo común de casi todos estos movimientos históricos es que emanaron del pueblo en momentos de precariedad económica, bajo un profundo sentimiento de opresión o de falta de libertades, y con un pueblo que se sentía claramente desamparado por parte de quienes ostentaban el poder.
En la actualidad, los que nos gobiernan, como los que viven sin carencia alguna dentro del actual sistema, han cogido la costumbre de llamar populistas a todos aquellos que no estando de acuerdo con el actual statu quo (estado actual de las cosas) reivindican cambios, reivindicación dada por la mala situación del país y de una parte cada vez mayor de sus gentes.
Primero, tengamos en cuenta que a la hora de calificar, por desgracia en demasiadas ocasiones de manera peyorativa, a un movimiento o grupo de populista se cae en el error de generalizar sin tener demasiado en cuenta las reivindicaciones. Segundo, se suele calificar a las cabezas visibles de todos estos movimientos u organizadores de protestas varias como demagogos, una palabra de la que se abusa en demasía, dándonos a entender que quienes mueven a las masas no son más que falsos Mesías y vendedores de humo.
Un ejemplo claro de lo que podría ser  populismo, sin entrar a valorarlo, sería la nueva formación política italiana Cinque Stelle que, con el humorista Beppe Grillo a la cabeza, ha sabido recoger el descontento de las gentes del país trasalpino para hacerse un hueco en la política de su país. El señor Grillo se ha alzado como la voz de la conciencia de los italianos –al igual que el personaje de Pinocho del que toma el nombre- y denunciado las injusticias del país y del sistema, a la vez que propone drásticas soluciones, soluciones que en algunos casos difícilmente se podrán llevar a cabo, y con ello ha sabido encontrar su nicho en la política italiana.
Para los que gobiernan, así como para los que mueven los hilos, toda esa masa de personas que tienen el valor de salir a las calles a hacer oposición y a reivindicar las injusticias del sistema, sólo saben “hacer populismo”, movidos por la demagogia de unos cuantos irresponsables a los que se podría tachar de antisistema o incluso de terroristas. Pero la realidad es que en este país ha hecho más daño el PPopularismo que el populismo.
MSNoferini

P.D. El chavismo, como algunas corrientes reformadoras impuestas por algunos presidentes sudamericanos, también reciben y se catalogan como populistas. Que cada uno juzgue como crea conveniente los logros y fracasos conseguidos por ellos.

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