A modo de un sencillo escrito, con ninguna otra pretensión más que servirme de confesionario donde expiar mis pecados y como ejercicio de autoterapia, en unos momentos de cierta descredulidad, quisiera aclarar algún tema y exponer mi punto de vista sobre otros dos muy actuales.

Lo primero aclarar a quien le pueda interesar una cuestión que algunos/as me han preguntado y seguramente muchos otros/as habrán pensado, aunque es posible que la mayoría de ellos/as nunca lean esto: “NO, no soy independentista, sigo sin serlo. Soy un republicano federalista o a los sumo confederalista, y lo suficientemente demócrata como para admitir el derecho del pueblo y pueblos a elegir y decidir su futuro”. Si acepté participar en mi municipio en el proyecto de Capgirem/CUP fue principalmente por tres motivos: uno porque compartía y suscribía todos y cada uno de los puntos programáticos que contemplaba el programa electoral de Capgirem Vic, así como comparto ese sentimiento e ideal anticapitalista que defienden las CUP; dos por el tremendo afecto y aprecio que siento por algunas de las personas que participan y forman parte de la CUP y/o integran el proyecto asambleario de Capgirem; y tres porque en mi municipio, Vic, sólo había un proyecto rupturista de izquierdas y asambleario donde la honestidad y fidelidad de no poco de sus miembros venía refrendada por su trabajo diario en plataformas, asociaciones, o desde el propio ayuntamiento de mi ciudad donde en estos últimos años han venido demostrado su honradez y coherencia con sus, mis, ideales. Decir que me siento muy orgulloso de haber participado y ser considerado parte de Capgirem Vic.

El segundo punto que quería aclarar, no porque se me hubiera preguntado sino porque leer una serie de comentarios en las redes, algunos por parte de seguidores y amigos virtuales, me ha hinchado las narices. Pues yo detesto a PUIGDEMONT. Y cuando algunas/os dicen que son de izquierdas y le votan, o me cuelgan su foto con las de otras personas que se han destacado por su compromiso y lucha social, demuestran ser unas/os cretinas/os. Si por H o por B se cometiera una injusticia manifiesta con cualquier miembro de un partido de la derecha hispana, de aquellos situados a la vanguardia de los mismos, llámenle Partido Popular, Partido naranja o Partido con nombre de diccionario, ¿se les debería votar y/o elevarlos a los altares? No me toquéis lo que no suena. El bueno de Pugi o Puchi, al que le deseo lo mejor, pero lejos de la política y de los largos brazos del poder, es un liberal sin escrúpulos, de ideales poco sociales –como demostró desde la alcaldía de Girona y desde la propia Generalitat- y un sionista de cuidado. No lo trago.

puchi

Y ya puestos a confesarme decir: tampoco me gusta Pablo Iglesias y la mayor parte de todos aquellos cortesanos/as que aplauden la desnudez de este nuevo emperador. Si algunos/as me queréis retirar por ello vuestra amistad virtual o real, me provocará una profunda congoja pero con resignación lo aceptaré. Sabré vivir con ello.

Creo que tal como debemos agradecerle y reconocerle al señor Iglesias el trabajo realizado para crear un proyecto necesario, que nos encandiló y nos llenó de esperanza, ahora le debemos reprochar el que lo haya destrozado –y los resultados de los diversos procesos electorales en los que hemos participado en estos últimos días demuestran que no es una visión subjetiva sino una lamentable realidad-. Y probablemente, como no se cansa de repetirme un buen amigo, aún sea más de Podemos de lo que muchas/os crean.

Iglesias

Personalmente, como ferviente defensor de los movimientos y estructuras asamblearias, fue el incumplimiento de este principio por parte de Podemos lo que más me tocó las narices –de todas deslealtades e incumplimientos de Podemos hacia su militancia- y que se acabara imponiendo un sistema personalista, centralista y vertical, demasiado propio de una vieja política de la cual renegábamos.

Y aquí lo dejo, de momento, otro día más (to be continued).

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Hace ya unos años escribí un pequeño escrito -el cual adjunto- bajo el título “estoy cansado”. Pues bien el tiempo ha pasado, y ese partido que nos gobernó recortando buena parte de nuestros derechos más básicos y servicios públicos bajo el pretexto de “la crisis”, mientras pagaba las reformas de su sede con dinero negro y repartía suculentos sobresueldos en sobres provenientes de una caja B de oscura e ilícita procedencia, no está en el poder, pero aún así creo que hay motivos más que de sobras para que se entienda el porqué de la evolución de ese cansancio hacia un gran “cabreo”. Podría utilizar otras palabras más finas -enfadado, irritado, enojado, colérico-, pero ¡no!, pues la palabra que creo que mejor describe mi estado anímico es “cabreado”.

Estoy cabreado con la paupérrima clase política que nos ha tocado en suerte. Ya no es una cuestión de honradez y de un posible enriquecimiento metiendo mano en las arcas públicas o favoreciendo a ciertos poderosos amiguetes en contratos públicos. Es una simple cuestión de estar cabreado con quienes juegan con el odio o el miedo y demuestran su nulidad en eso que vino a llamarse responsabilidad de estado, a la vez que día tras día dejan patente un comportamiento impropio de un representante público para convertirse en simples matones de baja estopa y en unos mentirosos compulsivos.

Estoy cabreado, pero muy cabreado, con quienes utilizaron la crisis territorial para tapar la crisis social, así como con quienes utilizan la crisis social para tapar la crisis territorial, por no hablar la alarmante crisis de valores que han demostrado todos y cada uno de ellos.

Estoy especialmente cabreado con las políticas de recortes, así como con aquellos que parece importantes una mierda que sus políticas nos priven de trabajos dignos, de los ingresos necesarios para poder vivir, de techo, de pan, de medicinas y de los derechos más básicos.

Estoy cabreado de que tengamos que mantener con nuestro dinero a una institución anacrónica y caduca como es la monarquía, a la cual nadie ha elegido y al frente de la cual se halla una persona por el simple derecho de sangre o inseminación. Y que para más inri aún es más cabreante el ver como ese señor al que se le presupone ser el representante de todos los pueblos y ciudadanos del estado apoyó e intentó justificar la represión hacia una parte de ellos, en lugar de mediar y buscar la concordia.

Me cabrea que a esto que tenemos lo llamen “una gran democracia” cuando ni siquiera se respeta uno de los pilares básicos de la democracia, como es la separación de poderes.

Estoy cabreado con quienes utilizan los supuestos fantasmas de un relativamente reciente pasado, en lugar de recuperar la verdadera historia y memoria de nuestro pasado, permitiendo con ello honrar la memoria de los demócratas que dieron su vida en una guerra fratricida, y que en muchos casos siguen descansando en olvidadas cunetas, pues entiendo que sólo así podríamos restañar las heridas del pasado.

Me cabrea mucho el proletariado de ropas elegantes que le tocó en suerte un salario digno y con ello la falsa creencia de ser algo más que un obrero del sistema. Y me cabrea mucho más ver como maltratados proletarios siguen defendiendo y votando aquellas opciones políticas que apuestan por legislar en beneficio de los de arriba en detrimento suyo y de sus (nuestros) derechos y libertades.

Me cabrean toda esa panda de intelectuales progres con sus discursos aleccionadores que quieren aparentar cercanía a nuestros problemas pero acabada su jornada se trasladan a sus lujosas casas y casoplones, y que no saben y nunca sabrán lo que es pasar hambre.

Estoy cabreado con quienes se les llena la boca con el nombre de sus amados países y se envuelven en trapos multicolores, pero se olvidan o quieren tapar los problemas reales de la ciudadanía, pues no hay banderas lo suficientemente grandes como para tapar la miseria, la falta de derechos y libertades, ni el sufrimiento.

Estoy cabreado con la alarmante manipulación mediática. No es admisible que ya casi haya desaparecido la prensa libre y objetiva, y su lugar lo ocupen gacetilleros vendidos al poder.

Estoy cabreado con la falta de solidaridad. Y cabreado de ver como un escaso uno por ciento de la población tiene en sus manos tanta riqueza y patrimonio como el 99% restante, mientras en la mayor parte de este planeta cientos de millones de personas viven en una pobreza extrema.

Me cabrean aquellos que criminalizan a quienes abandonan sus países buscando una vida mejor y me cabrea especialmente aquellos que decidieron que la mejor solución al problema de la inmigración es abandonarlos a su suerte y dejarlos morir.

Estoy cabreado con quienes se enriquecen con el negocio de la guerra, exportando muerte y sufrimiento.

En definitiva, como veis, estoy cabreado, muy cabreado…

MSNoferini

cansado

¿Qué ha cambiado?

Publicado: marzo 19, 2019 en Uncategorized
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Sólo hace falta estar un poco al día de las noticias políticas de nuestro país para darse cuenta que esa cita expuesta por Giuseppe Tomasi de Lampedusa en su novela “El gato pardo”, en la que se decía que “si queremos que todo siga como está es necesario cambiarlo todo” –a lo que yo añado: “o como mínimo aplicar algunos cambios cosméticos”- parece estar muy presente tras todos los vaivenes políticos que hemos vivido en los últimos años, dentro y fuera de nuestras fronteras, y con la aparición de esos partidos que prometían una plena regeneración política y en aquellos otros que supuestamente se vieron obligados a copiar las nuevas fórmulas propuestas por estos.

Tras la espontanea explosión de indignación y deseos de cambio que nos llevaron a las calles un 15 de mayo de 2011, dentro de un contexto de crisis global y una desproporcionada desigualdad mundial, que pusieron en evidencia la desafección de parte de la ciudadanía con la clase política y sus decisiones, y posiblemente el agotamiento de la etapa política que se inició en España tras la dictadura –eso que se ha venido a llamar “régimen del 78”- aparecieron nuevos partidos e iniciativas sociales y un aparente deseo de los partidos ya existentes de regenerarse y abrirse a sus bases.

Regeneración, nueva política, mejora de la transparencia de los partidos políticos, acercar las instituciones a la ciudadanía, en algunos casos asamblearismo, etcétera, etcétera. Propuestas y deseos muy necesarios y nobles pero que al final poco o nada se están cumpliendo, demostrando que tanta lucha, esfuerzos y tiempo invertido por muchas/os bajo la ilusión del “sí se puede” nos han llevado a seguir donde estábamos, sin que haya habido cambios sustanciales en la política y menos en el cómo y quién ostenta y gestiona el poder.

Tampoco podemos excluir de la ecuación, que ha llevado a la pervivencia o apuntalamiento del sistema –monarquía, constitución del 78, casi nula separación de poderes, millares de cargos públicos aforados y un moribundo estado de las autonomías-, “el procés catalán”, tras el cual no debemos olvidar que también se hayan aquellos que les vino muy bien para tapar sus miserias o apuntalar su propia supervivencia y la de sus ideales neoliberales bajo su propia estrategia lampedusiana.

Por lo tanto si volvemos la vista atrás y luego miramos nuestro presente nos daremos cuenta que: la elección de quienes serán los candidables a representarnos en las listas de los diferentes partidos siguen eligiéndose a través de la “dedocracia”, la transparencia en todos y cada uno de los partidos políticos no se ve por ninguna parte, la denominada izquierda sigue llevándose a matar, anteponiendo en no pocos casos sus intereses a los de la ciudadanía, sigue sin haber voluntad o narices de buscar consensos para poner solución a la crisis social y a la aún más importante crisis territorial, la criminal reforma laboral del Partido Popular (RDL 3/2012) sigue en vigor, la ley de estabilidad presupuestaria sigue marcando las políticas del país, los medios de comunicación siguen al servicio del poder, es imposible cerrar un acuerdo que garantice en el tiempo la supervivencia y calidad de nuestras pensiones públicas, el régimen del 78 parece seguir bien apuntalado, y todo ello con el dictador durmiendo su plácido sueño eterno en su monumental mausoleo.

Por consiguiente cabría preguntarse: ¿qué ha cambiado?

MSNoferini

Ley de la palanca

Me ha resultado chocante ver algunas de las portadas de la prensa estatal del día de hoy, principalmente las de dos de los tres diarios de prensa escrita más conservadores y retrógrados de este país, como son El Mundo y La Razón. Ambos diarios ante el inicio del juicio “al Procés” o a los doce dirigentes a los que se les responsabiliza del referéndum del 1-O, la declaración unilateral de independencia y lo que vino tras ella, abren sus portadas con la caricatura o caricaturización de dichas personas.

Todo personaje público, y más si se dedica a algo tan importante como es la gestión política de nuestros recursos, espacios y por ende de nuestras vidas, está sujeto al escrutinio público, a la crítica y a la chanza. Pero en un momento tan delicado de la vida de estas doce personas en las que muchos de ellos se juegan el perder su libertad durante dieciséis o diecisiete años, y en el caso de Oriol Junqueras hasta 25, se hace evidente que este no era el momento para colgar esas caricaturas, la publicación de las cuales debe interpretarse, conociendo esos medios, como el deseo de buscar, tal como recoge la segunda acepción del diccionario de la RAE, “la ridiculización o toma en broma del modelo que tiene por objeto”.

El mal gusto y la voluntad de hacer daño por parte de ciertos medios a todos aquellos que puedan ser considerados enemigos de la patria o cuyos ideales sean contrarios a los suyos es el pan nuestro de cada día, pero se obvian los excesos y mentiras de aquellos con quienes comparten ideario e intereses, o directamente se pasa a tergiversar la realidad en el propio beneficio del medio y de su causa -como es el caso de la manifestación de este pasado domingo en la plaza Colón de Madrid-, la de esa España conservadora, trasnochada y excesivamente anacrónica. 

MSNoferini

Caricaturas El Mundo    Caricaturas La Razón

Miedo, desprecio y por último odio, estos son los sentimientos por los que en los últimos años ha ido transitando la política de este país, y con los que la irresponsable casta política que nos ha tocado en suerte ha venido jugando en su constante búsqueda de votos y en su vergonzoso intento de crear el escenario político y social más adecuado a sus intereses.

Usando principalmente Catalunya y “el Procés” como el perfecto catalizador de una estrategia de manipulación y adoctrinamiento de masas, ante una aparente situación poco menos que apocalíptica, algunos partidos políticos y medios de comunicación han abierto la caja de Pandora liberando unos imprevisibles vientos y vendavales de intolerancia, desprecio y odio, cuyas consecuencias de futuro son difíciles de prever y que a buen seguro no tendrán o no nos traerán nada de bueno.

Ya llevamos unos cuantos años en los que no se para de hablar de la radicalización de la izquierda, pero para esos medios que tanto han escrito y hablado de ello omiten decir que esa supuesta radicalización o nuevas formas de actuar de la izquierda también vendrían acompañadas de una radicalización de la derecha que, con la aparición de un nuevo sujeto político que no amaga sus ideales de ultraderecha, ha llevado a la derecha clásica, esa que aunque se las dé de auténtica garante de la libertad y la democracia hunde sus raíces en una época preconstitucional, a entonar un discurso cada vez más extremista y arcaico, y donde todo lo han reducido a una simplista dicotomía entre buenos y malos patriotas, y a la criminalización de estos últimos.

Es incomprensible que algunos alienten el odio y el desprecio hacia sus vecinos (rojos, catalanes, abertzales, okupas, los antisistema, etc.) como viene haciendo una parte del establishment ultraconservador de este país. Y es de una ruindad tremenda intentar llegar al poder de esta forma, así como el juego de acoso y derribo usando las artimañas más rastreras que han iniciado los dos partidos de la derecha hacia el partido del Gobierno, bajo el pretexto de como este se ha doblegado a los intereses y reivindicaciones de ese supuesto independentismo criminal, cuyo mayor delito no es otro que el desear decidir su futuro a través de las urnas. Por el hecho que el oportunista y poco valiente señor Sánchez –un personaje que, al igual que a su partido, no le tengo especial aprecio- simplemente acepte y abra vías de diálogo con los “endemoniados” independentistas catalanes y tenga algún exiguo gesto para buscar una cierta distensión no puede llevar a todo un jefe de la oposición a decir un rosario de barbaridades, como las que dijo en el día de ayer (“mediocre”, “incompetente”, “mentiroso compulsivo”, “okupa de la Moncloa”, “felón”, “el mayor traidor de la democracia”, “desleal”, “irresponsable”, “ególatra”, “chovinista”, “cómplice del golpe al estado”, “presidente ilegítimo”, etc.).

El domingo veremos cómo los tres adalides del nacional-catolicismo, o tal vez mejor usar el término caudillos –que a buen seguro será más de su agrado-, guiarán a sus tropas en una nueva cruzada patria donde su bandera no será su amada rojigualda sino el odio, y el enemigo a batir sus vecinas/os y hermanos/as que cometieron el grave pecado de pensar de manera diferente a ellos.

MSNoferini

caja pandora

Ser o no ser

Con lo que ha venido pasando en estos últimos tiempos en la formación morada, partido en el que milité, se evidencia que los días de vino y rosas ya son cosa del pasado. Podemos venía a ser algo así como una extensión del sentir de la ciudadanía y una poderosa herramienta para servir como correa de transmisión de la misma hacia esas caducas instituciones que teníamos y seguimos teniendo. Se prometía ser diferentes al resto, ya que Podemos era la nueva política: asamblearia, transparente y con una estructura de partido horizontal. Se nos decía que el proyecto estaba por encima de las personas. Que debíamos comenzar a olvidar el clásico eje ideológico horizontal izquierda-derecha, pues la miseria y la desesperación es transversal, y transversal debía ser un proyecto que se debía estructurar en un único eje, el eje real sobre quienes tienen el poder y quienes los sufren, el eje vertical de los de arriba y los de abajo. Pero, pero, pero, toda esa amalgama de hermosas ideas e intenciones que nos atrajo a muchas y muchos a participar, apoyar o votar a la formación morada fueron un espejismo o quedaron como simple retórica propagandística con la que cautivar a los ilusos y a todos aquellos/as que en el contexto social del momento necesitábamos desesperadamente alguien o algo en quién o qué confiar.

Podemos es un partido centralista, vertical, opaco y donde la disidencia se castiga con el ostracismo o directamente es purgada. El señor Iglesias y su círculo interno ha jugado con la ilusión de cientos de miles de personas y han llevado la más hermosa idea a un despeñadero ideológico. Han creado un partido personalista que orbita única y exclusivamente al rededor de un nuevo dios sol, y donde sus adoradores no tienen problema alguno en defender lo indefendible, como podría ser el aburguesamiento de su gran líder y la madre de sus hijos, como quedó demostrado en la compra de su casoplón  -pues que nadie olvide lo que opinaba el señor Iglesias sobre los políticos de la derecha que vivían en lujosas urbanizaciones y caros áticos-. Donde la organización del partido está en las manos de una persona que acumula cargos, a pesar de las limitaciones del señor Echenique -y una antigua afiliación en Ciudadanos-, y se burla de la norma y derecho laboral, como ha quedado demostrado con su propio asistente, y es incapaz de cumplir con sus promesas, como la de hacer de Podemos un partido plenamente federal. Un partido donde las reglas del juego o procesos de elección de sus miembros se modifican en función de los intereses -como quedó en evidencia en las recientes primarias al parlamento donde el señor Iglesias concurrió en solitario para ser el candidato a la presidencia del gobierno, tras la exclusión de cerca de 90 precandidatos/as por no conseguir los avales mínimos-.

Pero a pesar de todo el “traidor” y el malo, el único malo, es el señor Errejón, por cerrar un acuerdo con la plataforma de la alcaldesa de Madrid sin haber sido decidido por Podemos o por el señor Iglesias y su círculo interno. Que mala memoria tienen algunos/as y olvidan como el señor Iglesias y los suyos negociaron los diversos proyectos electorales, confluencias y listas en Catalunya, Galicia, Valencia, etcétera, totalmente al margen de la militancia de Podemos en esos territorios. Quizás, como escribía no hace mucho el señor Carlos Fernández Liria (www.cuartopoder.es/vuelve-podemos), el proyecto que se está diseñando para la comunidad de Madrid represente más los ideales de Podemos que el actual Podemos y “Carmena-Errejón nos devuelve el entusiasmo con el que hace cinco años pensábamos que podíamos reinventarlo todo”.

Podemos no debería ser un partido, sino una plataforma asamblearia capaz de recoger el sufrimiento y tantas luchas por la dignidad y el bienestar de la ciudadanía y llevarlas a las instituciones de la mano de las que en cada momento sean las personas más preparadas  para ello, sin convertirlas en políticos profesionales. Unidos Podemos necesita urgentemente de una refundación, en la cual ya estén presentes los diversos partidos y asociaciones que configuran esa confluencia, y donde sin personalismos e imposiciones todas/os rememos en la misma dirección: el bien común y una plena justicia social.

MSNoferini

A la política le falta corazón

Publicado: enero 8, 2019 en Uncategorized
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Ya hemos dejado atrás las navidades, época de celebraciones, reencuentros, dispendios y un notable incremento de almibarado buenismo. No voy a ser yo quien critique las navidades en sí, aunque haya algunas cosas en estas fiestas que no me gusten demasiado, como esa bondad y emotividad que algunos parecen olvidar el resto del año, y el ejemplo más claro lo tenemos en nuestros gobiernos y políticos.

La política es un servicio público, y lamentablemente para muchos una profesión, en el cual, en contra de toda lógica, falta corazón. En la política falta voluntad por asegurar los derechos más básicos y el bienestar de la ciudadanía en lugar de priorizar el invertir en las estructuras y necesidades del capital y la banca. No puede decirse que un gobierno y sus políticos tengan corazón cuando las gentes de un país pierden sus hogares, no tienen acceso a un trabajo o pensión dignos, no tienen unos servicios públicos en condiciones, no pueden costearse bienes de primera necesidad como la luz, el gas, el derecho a una medicación, o a tener tres comidas diarias, al tiempo que no falta el dinero para invertirlo a fondo perdido en ayudar o rescatar a la banca –dejando aparte el habitual latrocinio al que tanto nos tienen acostumbrados nuestros políticos-.

Pero esa falta de bondad y desafección hacia sus iguales que parece sufrir nuestra casta política –definición de la clase política muy acertada que en cierto partido morado parece haber quedado relegada al olvido, tal vez porque los miembros del mismo hayan pasado a engordar ese selecto grupo- no sólo queda reflejada en sus decisiones y actos colectivos, sino en la mayor parte de los casos a nivel individual, pues ver como se tratan entre ellos/as en lo que son los Sancta Sanctorum de la soberanía popular, como son los parlamentos, demuestra que la bondad, el respeto y la educación cotiza a la baja, y tal vez por ello fue noticia cuando el diputado canario del partido morado, Alberto Rodríguez, tuvo el bonito detalle en sede parlamentaria de hablar bien de un rival político que se despedía de la política.

Nuestros gobiernos, los partidos políticos y la casta política poco les importamos la ciudadanía y nuestros problemas, más allá del interés en momentos puntuales –como cuando se acercan unas elecciones- y alguna honrosa excepción. Los políticos, en su mayoría, no tienen corazón y juegan con nuestras necesidades y no tienen pudor en utilizar hasta el odio en beneficios de sus intereses –y el caso de Catalunya es un claro ejemplo de ello-.

Por lo tanto, acabadas las navidades toca prepararse para seguir viviendo con nuestras miserias y con el recrudecimiento de las habituales batallas del estercolero de la política y la cansina difusión de las mismas a través de los medios partidistas e interesados que tenemos en esta ruina de país.

MSNoferini

Aforismos EKO